El retrato de Dorian Gray... y los fantasmas de Ayotzinapa

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Por Julio Zenón Flores

En El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde, el protagonista conserva un rostro impecable mientras un cuadro escondido envejece y se deforma con cada uno de sus pecados. Durante años, nadie ve el retrato. Hasta que un día la puerta se abre y la verdad aparece de golpe.

Algo parecido ocurre en la política.

Los sexenios pasan. Cambian los colores de los gobiernos, los discursos, las alianzas y hasta los enemigos. Pero hay expedientes que no envejecen; simplemente esperan. Ayotzinapa es uno de ellos.

La detención del exgobernador Ángel Aguirre Rivero vuelve a colocar sobre la mesa una pregunta que México lleva más de una década intentando responder: ¿quién quiso ocultar la verdad y por qué?

La Fiscalía sostiene que hubo destrucción u ocultamiento de videos que podían ser fundamentales para reconstruir los hechos de la noche del 26 de septiembre de 2014. Será un juez quien determine si esas acusaciones tienen sustento. Esa es la ruta del Estado de derecho y debe respetarse.

Pero en el terreno político la historia ya produjo otro efecto: recordó que ningún poder es eterno y que ningún expediente desaparece solo porque cambie el gobierno.

Durante años muchos pensaron que Ayotzinapa quedaría reducido a una fecha en los libros de historia. Se equivocaron. El caso sobrevivió a Enrique Peña Nieto, a Andrés Manuel López Obrador y hoy sigue alcanzando a personajes que creían haber dejado atrás aquel capítulo.

La política mexicana suele apostar por la desmemoria. Confía en que el siguiente escándalo borrará al anterior. Sin embargo, hay heridas que no aceptan el olvido. Ayotzinapa es una de ellas.

En Guerrero, el nombre de aquella noche sigue siendo un espejo incómodo. Cada nuevo movimiento judicial refleja que la verdad aún está incompleta y que las responsabilidades siguen bajo escrutinio.

Porque los gobiernos pasan, los cargos terminan y los reflectores se apagan.

Pero los fantasmas... esos nunca dejan de tocar la puerta.

Y cuando finalmente la puerta se abre, el retrato oculto siempre termina mostrando lo que durante años se intentó esconder.

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