Por Julio Zenón Flores
La eventual victoria de Karen Castrejón Trujillo en la encuesta para coordinar la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional en Guerrero tendría una consecuencia que hasta ahora no parece estar suficientemente dimensionada: modificaría el equilibrio interno de Morena y colocaría al Partido Verde en una posición de negociación mucho más fuerte frente a la elección de 2027.
No se trata solamente de saber quién aparece arriba en una encuesta, sino de entender qué intereses políticos se mueven detrás de cada candidatura y, sobre todo, qué ocurriría después de que se conozca el resultado.
Karen no llega a esta contienda como una desconocida ni como una dirigente local que busca abrirse camino en una estructura ajena. Es una política guerrerense que ha ocupado cargos de elección popular, que conoce las distintas expresiones de la política estatal y que actualmente encabeza nacionalmente al PVEM, un partido que se ha convertido en uno de los aliados electorales más importantes de Morena.
Esa condición hace que su candidatura tenga una particularidad que no comparten todos los aspirantes: si gana, no solamente habrá ganado Karen Castrejón, sino también el Verde.
Durante buena parte del proceso interno, los escenarios se han planteado como una competencia entre distintos grupos de Morena, cada uno tratando de colocar a su mejor carta para 2027. Sin embargo, la presencia de Castrejón obliga a incorporar otra variable, porque el resultado podría determinar también cuánto peso tendrá el PVEM en la definición del próximo gobierno estatal.
Veamos
Si Karen obtiene la primera posición, Morena tendría que reconocer que el partido aliado cuenta con una figura capaz de competir por la candidatura y, además, con una estructura propia que puede resultar indispensable para conservar la gubernatura.
Pero tampoco sería correcto interpretar una eventual victoria de Castrejón como una derrota automática para Morena, más bien podría ocurrir exactamente lo contrario.
Para determinados grupos morenistas, una candidatura encabezada por Karen podría ser una salida negociada a una contienda interna cada vez más complicada, en la que ninguna de las figuras que actualmente aparecen en la conversación tendría necesariamente la capacidad de obtener el respaldo de todos los sectores del partido.
Una candidata proveniente del Verde podría ser aceptable para sectores que difícilmente aceptarían que otro grupo de Morena se quedara con la candidatura.
Ese es el punto que vuelve particularmente interesante la participación de Karen.
No necesariamente tendría que derrotar políticamente a todos los morenistas; podría convertirse en la candidata que ninguno de ellos considera completamente propia y, precisamente por eso, pudiera terminar siendo aceptable para varios.
Pero detrás de esa posibilidad existe otra pregunta que merece atención: ¿quién tendría que ceder para que Karen ganara?
Abelina López Rodríguez tendría que medir cuánto le conviene confrontar una candidatura que puede disputar el voto urbano y femenino, especialmente en Acapulco, donde la alcaldesa concentra una parte importante de su capital político.
Beatriz Mojica tendría que evaluar si una candidatura de Karen modifica el espacio que ha construido durante años dentro de la izquierda guerrerense y si su eventual incorporación al proyecto ganador le permitiría conservar influencia.
Estela Damián tendría que decidir si mantiene una competencia frontal o si, ante un resultado adverso, encuentra una ruta para preservar el proyecto político que ha venido construyendo desde su regreso a Guerrero.
Pablo Amílcar Sandoval, por su parte, tendría que observar con particular cuidado el escenario, porque una candidatura surgida del Verde reduciría la posibilidad de que la decisión se resuelva exclusivamente mediante los equilibrios internos de Morena.
Y todavía hay una variable superior a todas las anteriores: el grupo político que resulte más cercano a la decisión presidencial.
Porque en una sucesión de esta importancia, la encuesta será fundamental, pero nadie puede desconocer que la política también consiste en interpretar correctamente las señales que vienen de la dirigencia nacional y de Palacio Nacional.
En ese sentido, Karen tiene una ventaja que sus adversarios no pueden ignorar: su condición de dirigente nacional del Verde la coloca en una relación política distinta con la estructura nacional de la coalición.
Eso no significa que tenga asegurada la candidatura, ni mucho menos que exista una decisión tomada. Significa que su eventual victoria tendría consecuencias nacionales y no solamente locales.
Y allí es donde la contienda comienza a ponerse interesante.
Porque si Karen gana, el PVEM podría llegar a la negociación de 2027 diciendo que no solamente tiene una alianza con Morena, sino también una candidata capaz de ganar la encuesta interna en uno de los estados donde se decidirá buena parte del futuro político de la coalición.
Morena tendría entonces que elegir entre dos caminos.
Podría cerrar filas alrededor de Karen y convertirla en una candidata de coalición con el respaldo de sus principales grupos internos, o podría intentar revertir políticamente el resultado y correr el riesgo de provocar una ruptura que nadie sabe hasta dónde podría llegar.
La primera opción tendría la ventaja de la unidad, pero implicaría reconocer al Verde un peso político considerable.
La segunda permitiría preservar el control formal de Morena, pero abriría una disputa cuyo costo electoral podría ser elevado.
Por eso, más que preguntarse si Karen puede ganar la encuesta, conviene preguntar qué sucedería si la gana.
Esa es la pregunta que seguramente ya se están haciendo varios de los grupos que participan en esta competencia.
Porque si Castrejón queda fuera de los primeros lugares, el episodio puede terminar siendo solamente una apuesta fallida del Verde.
Pero si gana, la historia será diferente.
Entonces habrá que preguntarse quién la apoyó, y no hay que olvidarse de Félix Salgado Macedonio, quién negoció con ella, quién quedó fuera de la mesa y qué posiciones recibió cada grupo para garantizar la unidad de la coalición.
Y, sobre todo, habrá que observar qué ocurre con quienes hoy creen que la candidatura de Guerrero debe resolverse exclusivamente dentro de Morena.
La política tiene una regla: cuando una fuerza electoral crece, también crece su capacidad de exigir.
Y el PVEM ya no es un partido que solamente acompaña.
En Guerrero, Karen Castrejón puede ser la expresión de ese cambio.
Por eso su candidatura merece ser tomada en serio, incluso por quienes consideran que Morena tiene prácticamente asegurada la definición de 2027.
Si gana la encuesta, no solamente aparecerá un nuevo nombre en la sucesión.
Cambiarán las condiciones de la negociación.
Y entonces la pregunta ya no será quién puede ser candidato de Morena, sino quién puede encabezar una coalición suficientemente amplia para que Morena, Verde y PT lleguen a 2027 sin fracturas y con una candidatura capaz de conservar Guerrero.
Ese escenario, hoy todavía hipotético, puede convertirse en una realidad en cuanto se conozcan los resultados de la encuesta.
Y si Karen Castrejón aparece arriba, muchos tendrán que revisar sus cálculos.
Porque quizá la disputa que algunos creían exclusivamente morenista termine siendo, en realidad, la primera gran negociación de la coalición rumbo a 2027 que demostraría que Félix Salgado nunca estuvo fuera de la contienda.

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