Por Julio Zenon Flores
La publicación de excelsior.com.mx que ubica a Guerrero entre las entidades donde Morena podría postular a una mujer para la gubernatura es, por ahora, un contexto político, no una definición. Falta que el partido emita sus reglas y confirme los criterios con los que resolverá las candidaturas. Sin embargo, esa posibilidad ya comenzó a influir en el comportamiento de quienes buscan convertirse en la abanderada del movimiento.
Lo verdaderamente relevante en la coyuntura no es el debate sobre el género de la candidatura, sino la forma en que se están alineando las fuerzas políticas dentro de Morena.
En los últimos días se ha vuelto evidente un fenómeno que difícilmente puede ignorarse: los liderazgos regionales de la izquierda guerrerense están comenzando a cerrar filas con Beatriz Mojica Morga. No se trata de adhesiones aisladas ni de personajes sin peso político. Ahí están la exalcaldesa de Atoyac, Yanely Hernández; el exalcalde de San Marcos, Tomás Hernández Palma; el histórico dirigente igualteco Juan Adán Tabares, Yoshio Avila y, ahora, Pioquinto Damián Huato con el Frente Democrático por la Transformación.
Hay un elemento que distingue estas incorporaciones. Beatriz no sólo recibe el respaldo de esos grupos; les asigna una tarea. Cada estructura que se suma adquiere el compromiso de organizar asambleas comunitarias, fortalecer la organización territorial y respaldar el proyecto de la presidenta Claudia Sheinbaum. Es decir, las adhesiones no quedan en la fotografía del día, sino que se convierten en una red de operación política.
Mientras eso ocurre en el territorio, Esthela Damián Peralta parece haber elegido una ruta distinta. Su estrategia se concentra en el posicionamiento mediático y en la construcción de una narrativa que la presenta como la aspirante con mayor cercanía al círculo presidencial. La difusión de reuniones, entrevistas y publicaciones busca instalar la percepción de que cuenta con el respaldo político de la presidenta Claudia Sheinbaum, aun cuando la mandataria ha reiterado, en distintos momentos, que no habrá candidaturas decididas por afinidades personales, sino mediante los mecanismos internos del partido.
No se puede olvidar que, en política, desde luego, la percepción importa. Puede abrir puertas, generar expectativas e incluso modificar estados de ánimo. Pero las campañas internas de Morena también han demostrado que la estructura territorial sigue teniendo un peso determinante. Ninguna narrativa digital sustituye la capacidad de movilización de quienes conocen las comunidades, organizan reuniones, construyen comités y mantienen presencia permanente entre la militancia.
Por eso los movimientos de los últimos días merecen una lectura distinta. Mientras una aspirante busca fortalecer la idea de una cercanía con el poder nacional, otra está concentrando buena parte de las estructuras históricas de la izquierda guerrerense, aquellas que durante décadas han participado en la organización política del estado y que hoy parecen encontrar un nuevo punto de coincidencia.
La publicación de excelsior.com.mx sirve para entender por qué la competencia entre las mujeres adquiere mayor intensidad. Pero el fondo de la historia no está en una nota periodística. Está en lo que pasa en el territorio. Y, al menos hasta ahora, es ahí donde Beatriz Mojica parece estar construyendo la ventaja que realmente puede hacer diferencia cuando Morena llegue al momento de tomar sus decisiones.


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