La prueba de fuego para Morena


Por Julio Zenon Flores
Cuando dirigentes, exfuncionarios y liderazgos territoriales comienzan a cerrar filas alrededor de un proyecto, es posible que estén leyendo algo que va más allá de lo aparente y todo indica que eso ocurrió esta semana con Beatriz Mojica Morga.
La senadora con licencia no obtuvo el respaldo de Ivet Díaz Bahena, Santos Ramírez Cuevas, Merced Baldovinos Diego, Mario Adrián Radilla, Gema Téllez Castillo y Wences Peláez Herrera por casualidad, sino como un reconocimiento a algo que pocos de los aspirantes pueden presumir: tres recorridos completos por las ocho regiones de Guerrero durante los últimos años, además de la experiencia adquirida como secretaria de Desarrollo Social del Gobierno del Estado, responsabilidad desde la que conoció de primera mano las profundas desigualdades que distinguen a cada región guerrerense.
Ese trabajo territorial le permitió construir una estructura política y un conocimiento del estado que ninguno de los otros aspirantes a coordinar la defensa de la Transformación y la Soberanía pueden presumir, con excepción de Félix Salgado, que está fuera del proceso, y Rogelio Ortega, que ya fue gobernador interino.
Por eso, cuando afirmó que "Guerrero no se hereda, no se compra y no se impone", el mensaje trascendió la conferencia de prensa. Dio la impresión de que era también una advertencia dirigida a la dirigencia nacional de Morena.
Y es que, en algunos círculos de Morena, cada vez cobra mayor fuerza la versión de que desde la cúpula nacional y una parte del gabinete federal, existe la intención de impulsar a Estela Damián Peralta como candidata a la gubernatura, exhibiendo como argumento central su experiencia administrativa y la amistad que presume con la presidenta Claudia Sheinbaum. Sin embargo, la discusión no gira alrededor de su currículum, sino sobre la legitimidad del proceso mediante el cual pretenden convertirla en candidata en un estado cuya dinámica política requiere una fuerte identidad regional y no una especie de Comisionado del Centro en la provincia.
Aquí pesan el arraigo, la presencia permanente, el conocimiento de las regiones y la capacidad para construir acuerdos con liderazgos locales que conocen las realidades de la Montaña, la Costa Chica, Tierra Caliente, la Costa Grande, la Sierra, el Centro, la Zona Norte y Acapulco, que es una de las áreas positivas de Beatriz y un tanto también de Abelina López Rodríguez, mientras que Estela, que carece de esa ventaja y había dado un paso adelante al vincularse con liderazgos locales, entró a un proceso de alejamiento de ellos, como en los casos de Yoshio Avila y su propio tío Pioquinto, tal vez bajo la influencia de quienes le dicen que con la amistad de Claudia es suficiente.
Hay una vieja máxima que Morena haría bien en recordar: las elecciones no empiezan cuando inicia la campaña, sino cuando la militancia comienza a percibir que las reglas dejaron de ser parejas.
En ese contexto adquiere especial relevancia el mensaje enviado por Ricardo Monreal Ávila tras la polémica generada por el veto del Partido Verde a Andrea Chávez en Chihuahua. El coordinador de los diputados federales recordó que nadie debe excluir anticipadamente a quienes aspiran legítimamente a una candidatura y que las decisiones deben descansar en procesos transparentes y reglas creíbles.
El mensaje parece escrito también para Guerrero.
Morena gobierna el estado y conserva una amplia ventaja electoral. Precisamente por ello, sería un error pensar que cualquier perfil puede ganar únicamente por las siglas del partido y optar por el amiguismo en vez del mérito del trabajo territorial.
La verdadera prueba consiste en medir cuánto resistiría esa fortaleza si una parte importante de la militancia concluye que la encuesta sólo sirvió para legitimar una decisión previamente tomada. La inconformidad no siempre provoca rupturas abiertas; con frecuencia se manifiesta en operadores que dejan de entusiasmarse, estructuras que trabajan a medias y simpatizantes que simplemente optan por no participar.
La historia política mexicana ofrece suficientes ejemplos de partidos que confundieron la fuerza de su marca con la posibilidad de imponer candidatos. Todos terminaron pagando el costo.
Si la dirigencia nacional decide impulsar a Estela Damián, tendrá que demostrar que su eventual candidatura responde al respaldo real de los guerrerenses y al resultado de un proceso interno incuestionable, no únicamente a la cercanía política con la presidenta de la República.
Porque Morena construyó buena parte de su identidad combatiendo precisamente aquello que hoy muchos temen: las decisiones tomadas desde arriba.
La advertencia de Beatriz Mojica no debe interpretarse como un desafío al partido. Es un recordatorio de uno de los principios que dieron origen al movimiento: las candidaturas deben surgir de la voluntad de la militancia y del pueblo, no de acuerdos de oficina.
Y quizá la candidatura sea apenas una parte del debate. Lo que realmente está en juego es la credibilidad del método que convirtió a Morena en la principal fuerza política del estado. Si ese método deja de ser creíble, el costo podría ser mucho mayor que una candidatura cuestionada. Podría erosionar la confianza de quienes hicieron posible el triunfo del movimiento.
Esa es, en el fondo, la verdadera prueba de fuego para Morena.

Publicar un comentario

0 Comentarios