Trasfondo Informativo  Guerrero: Hay que empezar a elegir proyectos


Por Julio Zenon Flores 

La izquierda guerrerense tiene una extraña habilidad para discutirlo todo, excepto lo verdaderamente importante.

Desde hace unas horas, algunos se rasgan las vestiduras porque no fueron invitados a un hotel de lujo donde los directivos de Morena Sí tomaron decisiones.
Critican porque a ellos no los llamaron, no por la forma ni el fondo. Son solo ellos y sus intereses, sus nombres no incluidos, sus apellidos Ilustres ignorados. 
Nada nuevo. 
Desde hace meses, la conversación pública gira alrededor de nombres propios. Que si uno tiene más estructura. Que si otra aparece mejor posicionada. Que si aquel es más cercano a la dirigencia nacional. Que si ésta es la heredera natural del movimiento. Que si la lealtad debe premiarse. Que si la disciplina partidista debe imponerse. Que si el apellido pesa más que la trayectoria.

Y mientras la izquierda libra esa batalla, Guerrero sigue esperando.

Esperando que alguien explique cómo piensa sacar a La Montaña de la pobreza extrema. Cómo pretende convertir a Acapulco en un destino turístico competitivo después de los desastres naturales y el deterioro urbano. Cómo se integrará económicamente a la Costa Chica. Cómo se detonará el potencial agroindustrial de Tierra Caliente y la Costa Grande. Cómo se evitará que miles de jóvenes sigan viendo la migración o la informalidad como su única alternativa de vida.

La discusión sobre 2027 se ha convertido en una competencia de biografías, sin entender que un estado no se  gobierna con biografías. Se gobierna con ideas.

La obsesión por los perfiles personales revela una vieja enfermedad de nuestra cultura política: la creencia de que los liderazgos providenciales pueden sustituir a los proyectos de largo plazo. Como si bastara el carisma, la cercanía con el poder o la historia familiar para resolver problemas estructurales acumulados durante décadas. Y no. 

No importa si el candidato proviene de Morena, del PRI, del PAN, del PRD o de cualquier otra fuerza política. La pregunta esencial debería ser otra: ¿qué modelo de desarrollo se propone para Guerrero?

¿Más programas sociales sin una estrategia para generar riqueza? ¿Más obras dispersas sin articulación regional? ¿Más discursos sobre transformación sin indicadores verificables? ¿Más confrontación política para movilizar emociones?

O, por el contrario, ¿un proyecto serio para construir capacidades?

Guerrero, hoy, no necesita elegir entre sensibilidad social o crecimiento económico. Necesita ambas cosas.

Necesita un Estado capaz de garantizar educación de calidad, salud y protección a quienes menos tienen, pero también capaz de atraer inversión, profesionalizar el servicio público, generar empleos formales y aprovechar sus ventajas competitivas.

Los países y regiones que han logrado reducir desigualdades no lo hicieron administrando indefinidamente la pobreza. Lo hicieron invirtiendo masivamente en capital humano, construyendo infraestructura, fortaleciendo instituciones y creando condiciones para que la economía produjera prosperidad.

Mientras en Guerrero seguimos atrapados en la pregunta sobre quién merece la candidatura, nadie dice para qué se quiere la candidatura.

¿Para administrar inercias? ¿Para repartir cuotas? ¿Para garantizar continuidades personales? ¿O para replantear el destino del estado?

La verdadera lealtad que debería exigirse a quienes aspiran a gobernar no es hacia una figura política, un grupo o una corriente interna. Debería ser hacia Guerrero.

Lealtad con la niña que camina horas para llegar a una escuela sin internet. Con el pescador que vive al día dependiendo del clima. Con la empresaria que enfrenta extorsiones y burocracia. Con el productor del campo que vende barato y compra caro. Con el joven universitario que estudia sabiendo que quizá tendrá que abandonar su tierra para encontrar oportunidades.

Guerrero merece discutir proyectos, indicadores, metas de desarrollo, no fidelidades personales.

Tal vez el signo de madurez democrática que necesita el estado sea precisamente ése: dejar de preguntar quién será el próximo gobernador y empezar a preguntar qué Guerrero quiere construir el próximo gobierno.
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