Construir, no dividir: el reto urgente de Acapulco


Por Julio Zenón Flores

En medio de una temporada vacacional que, pese a las adversidades naturales, dejó cifras alentadoras para Acapulco, hay un contraste que no puede pasar desapercibido: mientras miles de prestadores de servicios turísticos trabajan coordinadamente para sostener la principal actividad económica del puerto, en el terreno político y mediático comienzan a intensificarse los ataques, muchos de ellos anónimos, bajos y, sobre todo, estériles.
El mensaje que recientemente emitieron integrantes del sector turístico organizado no solo es una defensa de su labor, sino también un síntoma de algo más profundo: el desgaste que provocan las campañas de desprestigio en una ciudad que no está para divisiones.
Acapulco necesita acuerdos. Hablamos de un destino turístico que compite a nivel nacional e internacional, en donde no hay espacio para mezquindades. Aquí, si se rompe un eslabón de la cadena —como bien señalaron los propios prestadores— se afecta todo el sistema: desde el pequeño comerciante hasta el gran hotelero. La economía del puerto no distingue colores partidistas ni filias personales.
En ese contexto, vale la pena subrayar una ruta que algunos actores han comenzado a transitar. Más allá de protagonismos, hay quienes han optado por construir puentes, dialogar con distintos sectores y apostar por la suma antes que por la confrontación. Ese es el caso de Jesús Zamora, quien —más allá de simpatías o críticas— ha entendido que el momento exige consensos, no rupturas.
Necesitamos entender que los ataques mediáticos, las descalificaciones sin sustento y las campañas de lodo no solo dañan a una persona o a un grupo: terminan erosionando la confianza en todos. En la política, en las organizaciones sociales y, peor aún, en la capacidad colectiva de sacar adelante a Acapulco.
Hoy el puerto enfrenta desafíos reales: la reconstrucción económica, el ordenamiento de su zona federal, la inclusión de sectores vulnerables y la recuperación de su imagen. Ninguno de estos temas se resolverá desde el golpeteo.
Se resolverán con acuerdos.
Se resolverán con piso parejo, como lo exigen los propios trabajadores del turismo: reglas claras para todos, sin cargar la mano contra los más débiles mientras otros operan con privilegios. Se resolverán con autoridad, sí, pero también con sensibilidad social.
Y se resolverán, sobre todo, entendiendo que el adversario no está dentro, sino en los problemas estructurales que arrastra el puerto desde hace años.
Acapulco no puede darse el lujo de que la política se convierta en un campo de batalla permanente. Quienes hoy apuestan por la confrontación deberían medir el costo: cada ataque injustificado, cada rumor, cada intento de desacreditar al otro, termina debilitando al destino entero.
La ruta aunque no siempre es cómoda, está en dialogar, acordar y sumar, simplemente porque en Acapulco, o avanzan todos, o no avanza nadie.

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