Por Julio Zenon Flores | Trasfondo Informativo
No fue un informe legislativo. O al menos no en el sentido estricto del protocolo, el archivo parlamentario o la rendición de cuentas tradicional.
Lo de Félix Salgado Macedonio en Acapulco fue otra cosa: una señal de poder, una fotografía de territorio y una escena calculada para que en Guerrero nadie se haga el distraído.
Desde temprano, bajo el sol pegajoso del puerto, entre sombrillas improvisadas, gorras, porras, selfies, mariachis políticos y esa mezcla tan guerrerense entre verbena popular y operación electoral, el senador convirtió la explanada playera en un termómetro de vigencia, en especial para aquellos que han manejado la narrativa de que en Acapulco el mando político lo tiene bien agarrado quien gobierna en el parque Papagayo.
En el palacio, que debería rebautizarse como el "De las iguanas", que deambulan día y noche por el patio, como en su casa, debieron acusar recibo.
Había de todo: liderazgos de colonia, operadores curtidos, curiosos, morenistas de camiseta sudada, viejos felixistas de batalla y nuevos conversos que entienden perfectamente que en política también hay que dejarse ver donde se vende futuro.
Un detalle retrató el tono del evento: mientras algunos buscaban sombra, Félix caminaba entre la gente como quien sabe que su activo principal sigue siendo ese, el contacto directo, el tumulto, el apretón, la foto, el grito espontáneo. La asoleada no fue casual. Fue mensaje.
Para quienes no entendieron, se los deletreo: e -l T- o -r- o n- o e- s- -t á r- e- t- i- r- a- d- o d- e- l c- o- r- r- a- l.
Félix, dio cátedra del arte de no destaparse...pero tampoco quitarse. Dijo que analizará si se registra cuando Morena emita la convocatoria para definir a quien coordinará los Comités de Defensa de la Cuarta Transformación. Es decir, aplicó la vieja técnica del político experimentado: ni acelerarse, ni borrarse.
No dijo “voy”, porque todavía no es tiempo. Pero tampoco pronunció una retirada y en esa ambigüedad calculada está toda la jiribilla.
Porque mientras en el discurso se mostró institucional —“apoyaré a quien sea elegido”— en los hechos reunió suficiente músculo para recordar que su nombre no puede excluirse del menú sucesorio como si se tratara de un pie de foto.
La frase más importante, y para la mayoría de periodistas de la nota del día que pasaron religiosamente lista de presentes, pasó desapercibida, no fue sobre él, sino sobre el poder: “No solo es la gubernatura y perder lo demás, es ganar un todo”.
Ahí estuvo el verdadero trasfondo. Más que una declaración electoral, fue una tesis política: quien aspire a coordinar Guerrero no puede vender solo carisma o popularidad; tiene que garantizar operación completa.
Traducido al castellano de la realpolitik morenista: no basta con ganar Casa Guerrero, hay que cuidar distritos, mayoría legislativa, estructura y narrativa nacional, que es una forma elegante —y bastante filosa— de colocar una pregunta sobre la mesa interna de Morena:
¿Quién garantiza más: una candidatura simbólica… o una maquinaria electoral? ¿Él o una recién llegada?
Que lo haya hecho en Acapulco, es indicativo de que se decidió por el lugar donde las señales pesan más. No eligió Chilpancingo.
No fue en la capital burocrática.Fue en Acapulco.
Y eso tiene un enorme peso simbólico. En donde se podría considerar débil (De hecho en las encuestas serias está debajo de Beatriz Mojica) lo que Félix mostró fue volumen, frente a quienes construyen candidaturas desde escritorio, desde las cabinas de la radio o las pantallas nacionales o incluso con imágenes tipo turista en las zonas iconicas, el senador apostó por una vieja verdad guerrerense: la plaza llena sigue siendo argumento.
Claro que hay que recordar que el tablero no se juega solo en Guerrero. Nadie puede ignorar que Claudia Sheinbaum, la lógica nacional y la continuidad de género o no, cuentan y mucho.
Si en la cúpula morenista se consolida la tesis de que Guerrero debe seguir gobernado por una mujer, el escenario cambia radicalmente. Y entonces esta demostración de fuerza puede servir para dos cosas: buscar la candidatura… o elevar el precio político de cualquier negociación.
Porque Félix podrá gustar o incomodar, pero sigue teniendo una cualidad que en Morena pesa: capacidad de mover gente real, no solo algoritmos.
Para Trasfondo Informativo lo de este domingo fue menos un informe y más una advertencia.
A sus adversarios, para que no lo descuenten.
A sus aliados, para que no lo minimicen.
Y a Morena, para recordarle que en Guerrero las decisiones cupulares necesitan aterrizaje territorial.
Félix salió a la arena sin declararse formalmente en campaña, pero dejando claro que si hay carrera, él conoce la pista.
Esta vez, en Acapulco, Félix no pidió permiso para entrar, llegó y se metió al agua y puso a todos a hacer cuentas.
De las y los acompañantes, que estando con él mandaron su propio mensaje, hablaré en otra ocasión.
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