Morena Guerrero: entre el control de Félix y la viabilidad de Mojica


Por Julio Zenón Flores

Si algo debe habernos quedado claro en pasada elección de gobernador en 2021 en Guerrero, es que Morena Sí no recarga todo el peso de la elección de candidaturas en la popularidad de los personajes, aunque sea un elemento a considerar.
También debe haber quedado claro que al abrogarse, la dirigencia nacional, la elaboración y aplicación de las encuestas definitorias, tienen una gran influencia en los nombres de quienes son incluidos en ella. Un ejemplo de ello fue la sorpresiva inclusión de Maria de la luz Núñez Ramos, solo por su cercanía indiscutible con Amlo y la exclusión de nombres muy posicionados estatalmente.
Esa es la real política. Lo demás, como en la mayoría de partidos, queda como carta de intenciones y buenos deseos.
El otro ingrediente es el pragmatismo y la negociación. Quien no entiende esto va de desengaño en desengaño.
Por eso la estrategia precede al poder. Hoy en Guerrero, Morena no está frente a una simple definición de candidatura rumbo a 2027. Está, en realidad, ante una decisión más profunda:
Por un lado, el senador Félix Salgado Macedonio, figura dominante en la estructura territorial, con capacidad probada de movilización, control político y operación electoral. Por el otro, la senadora afrodescendiente Beatriz Mojica Morga, perfil competitivo en lo individual, que ha construido una impecable red de alianzas en la entidad con referentes de influencia en las regiones e institucionalmente viable y alineado con los criterios que hoy pesan en la toma de decisiones del partido.
Y sin embargo, no podemos obviar que el factor determinante no está en Guerrero sino en el centro del poder.
La ruta de la candidatura pasa inevitablemente por la lógica política de Claudia Sheinbaum, quien enfrenta el reto de mantener la congruencia de Morena en temas sensibles como el nepotismo y la equidad de género, sin fracturar a uno de sus bastiones electorales más importantes en el sur del país. Ahí radica la tensión.
Porque si bien Félix Salgado representa el músculo político de un porcentaje importante localmente, también encarna un problema: la continuidad familiar en el poder tras el gobierno de su hija. En un contexto donde Morena ha buscado diferenciarse de las viejas prácticas, sostener esa línea implicaría un costo político nacional difícil de justificar.
Mojica, en cambio, ofrece una salida institucional. No es la figura más fuerte en términos de estructura de poder local, pero sí la más funcional en términos de narrativa. Su perfil permite cumplir con la agenda de género, evita el conflicto del nepotismo y mantiene la estabilidad interna, porque es la que más consenso genera en el movimiento estatal… al menos en el papel.
El problema es que en política, la viabilidad no siempre garantiza gobernabilidad.
Y es ahí donde emerge el verdadero dilema: ¿puede Morena ganar Guerrero sin el control total de Félix Salgado?
O, en sentido inverso, ¿puede sostener su discurso nacional si lo convierte en candidato?
La respuesta, como suele ocurrir en este movimiento, apunta a una salida intermedia.
Félix no necesariamente necesita ser candidato para seguir siendo eje de poder.
Y Morena no necesariamente necesita postular al más fuerte en términos de estructura, sino al más viable.
Bajo esa lógica, el escenario más probable no es la confrontación abierta, sino el acuerdo político: una candidatura que no rompa con el centro, pero que tampoco desplace por completo al grupo dominante en el estado.
Es decir, una candidatura como la de Mojica… pero dando espacio a quienes tienen hoy la operación estatal del poder y en ese sentido juega un papel muy importante la construcción de los consensos, no solo con Félix, sino con las otras figuras que han levantado la mano, como Iván Hernández Díaz, Jacinto Gonzalez Varona, Pablo Amílcar Sandoval, Rocío Bárcenas, Rogelio Ortega, Abelina López Rodríguez, Javier Saldaña, Alberto López Rosas, Antonio Helguera, Eloy Cisneros, Norma Otilia Hernández Martínez y por supuesto, con la gobernadora Evelyn Salgado Pineda, como el eje central en la entidad, diferenciada de su propio padre. La política, como se sabe, no es fácil ni lineal, pasa por los recovecos de la estrategia, ahí está el secreto del triunfo.

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