José Antonio Rivera Rosales
Aquel mediodía de 2015 un helicóptero militar se desplazaba a baja altura para infiltrar un grupo de soldados en una zona abrupta cercana a la capital tapatía. La aeronave transportaba un equipo táctico que reforzaría el operativo en tierra diseñado para capturar a Nemesio Oseguera El Mencho.
De súbito un golpe impactó el rotor de cola del aparato que, tras una explosión fulminante, se desplomó sin control barranca abajo, mientras el piloto hacía maniobras para equilibrarlo. El helicóptero, un EC 725, transportaba un total de 18 personas a bordo, la mayoría de ellas efectivos de las Fuerzas Especiales, además de dos agentes de la Policía Federal. Murieron 9 elementos en ese atentado.
Ese ataque dio al traste con el Operativo Jalisco, diseñado especialmente para capturar al jefe indiscutible del cartel del mismo nombre.
Desde esa fecha -primero de mayo de 2015- dejaron de ser seguros los cielos de México.
Era presidente el priista Enrique Peña Nieto.
De fabricación francesa, el Eurocopter725 es un helicóptero táctico usado para infiltración y exfiltración en entornos hostiles. Tiene capacidad para transportar a 29 personas, con una autonomía de vuelo de más de 300 kilómetros y una velocidad de desplazamiento de 324 kilómetros por hora.
Dispone de dos lanzacohetes laterales dotados de 19 cohetes de 68 milímetros, además de dos cañones Giat de 20 milímetros con 180 proyectiles.
Asimismo cuenta con soportes para lanzacohete y ametralladoras tipo MAG calibre 7.62, el mismo calibre que queman los fusiles AK 47.
Es un aparato que cuenta con instrumentos avanzados de navegación que lo hacen casi invulnerable a cualquier ataque, además de disponer de cinco palas en lugar de las cuatro con las que vuelan los demas helicópteros. Es, pues, una formidable máquina de guerra que, no obstante, fue abatida por un lanzacohete RPG, de manufactura rusa, que cuenta con un alcance máximo de 500 metros y es usado desde el hombro por un operador, que en este caso seguramente fue un mercenario.
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En sus inicios, Mencho trabajó como escolta del capo Ignacio Nacho Coronel, uno de los cabecillas históricos del narco mexicano.
Nacho Coronel, como todos lo conocían, era un capo que se llevana bien con todos los jefes del narco de los años noventa. Se caracterizaba por su rechazo a la violencia. Era partidario siempre de resolver los conflictos por la vía pacífica, para no perjudicar el negocio de la droga.
Todos los capos históricos lo buscaban para mediar en los conflictos: desde Amado Carrillo El Señor de los Cielos hasta Juan José Esparragoza El Azul, pasando por los Beltrán Leyva y Osiel Cárdenas Guillén, Joaquín El Chapo Guzmán e Ismael Mayo Zambada.
Era, pues, una familia feliz. Inclusive una buena parte de sus cónclaves se llevaban a cabo en Acapulco, por cuyas calles solía pasear despreocupado Nacho Coronel con una escolta muy reducida para no llamar la atención.
De este capo tan particular fue escolta Mencho. De él aprendió todo lo que necesitaba saber para comenzar su propio negocio.
Pero no sólo aprendió de Coronel: también fue alumno de Carlos Rosales Carlitos, un pistolero temible oriundo de Aguililla, Michoacán, la tierra natal del propio Mencho.
Pero el punto de quiebre en su relación con los capos fue el noviazgo con Rosalinda González Valencia, una integrante del clan de Los Cuinis, fundadores del llamado Cartel del Milenio, que de lavar dinero para otros narcos pasaron a traficar con fentanilo. Estos hermanos González Valencia fueron en realidad los precursoras del tráfico de fentanilo a los Estados Unidos.
Nacho Coronel murió acribillado en julio de 2010, en tanto Carlos Rosales murió d la misma manera en diciembre de 2015.
Esos fueron los dos ramales de dónde abrevó Nemesio Oseguera, pero la influencia determinante fue su esposa y sus cuñados. Tan así, que tras su caída y muerte el pasado 22 de febrero, uno de sus cercanos, Juan Carlos Valencia González, conocido como el R3 y a quien se atribuye el mando de la estructura armada del CJNG, quedaría como el nuevo jefe de la organización criminal.
Esta desinación del nuevo mando (quien por cierto es ciudadano norteamericano) se explica a partir de la confluencia de intereses entre Los Cuinis y la estructura armada del CJNG, que opera un grupo de élite integrado por mercenarios.
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En definitiva no es una buena noticia: la designación del R3 como máximo jefe del CJNG parece anticipar una nueva etapa hiperviolenta de esa organización criminal, en su confrontación con el estado mexicano.
Hay otros jefes que forman parte de la estructura de poder dentro del CJNG: Audías Flores Silva a quien apodan El Jardinero, Ricardo Ruiz Velasco el Doble R, y Gonzalo Mendoza Gaytán El Sapo, pero en definitiva el CJNG actúa en concordancia con el grupo de Los Cuinis, que opera como su brazo financiero.
Parece obvio que el CJNG se prepara para enfrentar a las unidades antinarco del gobierno federal, en especial a la Unidad Nacional de Operaciones (UNO) de la SSP, que está bajo el mando de Omar García Harfuch, que es la e

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