Evelyn Salgado Pineda y su peso para decidir al sucesor

**TRASFONDO INFORMATIVO / Julio Zenón Flores**


En la carrera por la coordinación de la Cuarta Transformación en Guerrero hay una variable que ningún aspirante puede ignorar, aunque no depende totalmente de ella: el peso político de la gobernadora Evelyn Salgado Pineda.

Porque, mientras Morena pone en marcha un procedimiento para seleccionar a quien encabezará la candidatura de 2027 por otra parte, no se puede pensar que el gobernador saliente llega a la recta final sin capacidad de influir en la construcción del acuerdo. De es al revés: al cerrar el quinto año, mientras la autoridad administrativa se debilita, la autoridad política se empieza a notar.

La cercanía con la presidencia de la república se hace más evidente, su alejamiento de la esfera de control de su padre se empieza a notar y, discretamente, comienzan los encuentros de ella y su equipo, con los participantes mejor posicionados. Comienzan los acuerdos.

Es decir, si bien Evelyn no decidirá sola quién será su sucesor, pero tampoco parece razonable pensar que será un actor ausente.

Su poder no proviene únicamente del cargo que todavía ocupa. Proviene de la estructura política que se ha construido durante su administración, de los funcionarios que llegaron con ella, de los grupos que han encontrado espacios en su gobierno y, sobre todo, de la capacidad que conserva para inclinar una parte de la correlación interna cuando llegue el momento de las negociaciones.

En Morena, la encuesta puede decir quién tiene mayor preferencia, pero la política suele comenzar justamente después de conocer el resultado. Ahí entran los acuerdos. Y Evelyn tendrá algo que ofrecer y algo que defender.

El gobernador que está por terminar su mandato suele tener interés en que quien lo suceda no llegue con la intención de borrar todo lo anterior. Necesita, al menos, garantías de continuidad, estabilidad y respeto a los equipos que formaron parte de su administración.

Eso no significa necesariamente imponer a un candidato, que si en la época del priismo se intentó y cada vez que se intentó terminó en fracaso. Significa tener capacidad para negociar.

Y esa capacidad puede ser particularmente importante en Guerrero porque la sucesión no se reduce a la candidatura al gobierno estatal. Alrededor de ella estarán las candidaturas a las diputaciones federales, el Congreso local y, de manera muy especial, Acapulco.

Quien tenga la candidatura a gobernador necesitará construir una mayoría política que le permita gobernar. Por eso, el acuerdo final tendrá que incluir a quienes hoy compiten entre sí.

En ese tablero, la gobernadora puede convertirse en una pieza de equilibrio.

Puede respaldar a un perfil, ayudar a cerrar heridas entre grupos o, llegado el caso, establecer límites frente a una candidatura que considere inconveniente para la continuidad de su proyecto.

Y aquí aparece una diferencia importante entre tener simpatía por un aspirante y tener capacidad para hacerlo viable.

Evelyn puede no necesitar decir públicamente quién es su favorito. De hecho, mientras más discreta sea su intervención, mayor puede ser su margen de maniobra.

Porque el verdadero poder de negociación no siempre consiste en anunciar una preferencia, sino en saber que esa preferencia existe y que deberá ser tomada en cuenta cuando se construya el acuerdo.

Por eso los aspirantes tienen que mirar hacia Palacio de Gobierno, aunque públicamente digan que solamente están trabajando para la encuesta. Algunos ya lo entienden. Otros probablemente prefieren no hablar de ello. Pero todos saben que, después de la encuesta, vendrá una etapa en la que habrá que sentarse a negociar.

Y Evelyn Salgado llegará a esa mesa con algo que los aspirantes todavía no tienen: el control del gobierno estatal hasta 2027, en tanto que la presidenta Claudia Sheinbaum y las dirigencias nacionales de Morena, PT y Verde, también tendrán un peso determinante en la definición final. Por eso, la gobernadora difícilmente podrá imponer una candidatura que no tenga viabilidad nacional.

Lo que sí puede hacer, es ayudar a que una candidatura sea viable y esa diferencia es fundamental, ya que en el escenario que se está construyendo, quizá la sucesión de Evelyn no se decida por una sola mano. Será resultado de una combinación de encuesta, acuerdos nacionales, equilibrio entre grupos y capacidad de negociación local.

Porque mientras los aspirantes recorren Guerrero buscando votos para una encuesta, Evelyn Salgado tiene que pensar en algo más: quién puede recibir el gobierno que ella dejará y, al mismo tiempo, mantener la estabilidad política suficiente para que su administración no termine convertida en el primer capítulo de una disputa por el poder.

Esa es la verdadera dimensión de su peso. No necesariamente será quien elija al sucesor. Pero difícilmente será alguien a quien puedan dejar fuera de la decisión.

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