Trasfondo Informativo / Julio Zenon Flores
Uno de los episodios que marcaron la semana pasada, en el terreno de la contienda interna de los aspirantes a la coordinación de la 4T en Guerrero, fue el bloqueo de transportistas en Acapulco, bajo la consigna de rechazo a una eventual imposición.
Esto, porque terminó produciendo un efecto político mucho más complejo del que probablemente imaginaron quienes lo organizaron.
Veamoslo detenidamente:
A primera vista, la protesta parecía tener un destinatario bastante claro: Esthela Damián Peralta, por la narrativa de que desde Palacio Nacional se estaría impulsando su candidatura, y porque una movilización de transportistas, por su capacidad de organización territorial y de presión pública, podía proyectar la idea de que un sector importante de Acapulco rechazaba una candidatura que consideraría impuesta desde fuera de Guerrero.
Pero el problema es que la misma protesta terminó golpeando a Beatriz Mojica, después de que desde distintos espacios se le atribuyera la organización o, cuando menos, la operación política detrás de la movilización, colocándola en el centro de una acusación de guerra sucia justamente cuando las aspirantes de Morena atraviesan la etapa más delicada de la competencia interna.
Así, lo que pudo haber sido una acción dirigida contra Esthela terminó abriendo un segundo frente contra Beatriz, y dejó en el aire una pregunta que todavía no tiene respuesta comprobable: ¿quién tuvo realmente la capacidad y el interés político para poner en movimiento a los taxistas?
Porque si la intención era exhibirla como una aspirante rechazada por la sociedad acapulqueña, la narrativa terminó cambiando de signo.
La palabra "imposición", lejos de necesariamente perjudicarla, pudo haber generado el efecto contrario.
En el imaginario político, decir que Claudia Sheinbaum pretende imponer a una persona significa, para una parte de la clase política local, reconocer que esa persona tendría detrás el respaldo presidencial. Y si efectivamente existe una línea de Palacio Nacional, pocos actores políticos estarían dispuestos a desafiar abiertamente al poder presidencial.
Pero hay otro componente todavía más importante: el ciudadano que simpatiza con Claudia Sheinbaum puede interpretar esa misma versión de la imposición no como una amenaza, sino como una señal.
Si la presidenta quiere a Esthela, podría pensar una parte del electorado, entonces Esthela es la opción.
Ese razonamiento, aunque pueda parecer simplista, forma parte de la lógica real con la que se construyen muchas decisiones electorales, especialmente cuando una figura presidencial conserva altos niveles de influencia entre los simpatizantes de su movimiento.
Por eso, si el bloqueo pretendía hundir a Esthela Damián, puede haber ocurrido exactamente lo contrario: la protesta terminó dándole visibilidad, instaló su nombre en la conversación pública y, paradójicamente, pudo reforzar la percepción de que es una mujer con posibilidades reales de llegar a la candidatura.
Y con Beatriz ocurrió algo parecido, pero en sentido inverso.
¿Quién estuvo detrás?
Lo que tenemos que hqacer es observar a quiénes benefició, a quiénes perjudicó y qué actores políticos tenían interés en modificar la correlación de fuerzas y a partir de ahí valorar la posibilidad de que la protesta haya sido impulsada desde otra candidatura que también busca la coordinación estatal y que encontró en la confrontación entre Esthela y Beatriz una oportunidad para mover el tablero.
No lo podemos afirmar porque no nos consta. Se puede intuir a partir de los personajes que estuvieron al frente, de sus vínculos y de los intereses que se mueven alrededor de la sucesión, pero entre la intuición y la comprobación existe una distancia que un periodista no puede cruzar.
Por ahora, lo que sí parece claro es el resultado político inmediato: el bloqueo no produjo un ganador evidente entre quienes pretendían utilizarlo para golpear a sus adversarias, pero sí generó una beneficiaria circunstancial: Esthela Damián.
Habrá que esperar la encuesta y, sobre todo, medir cuánto de este episodio se convierte en intención efectiva de voto. Porque una cosa es generar conversación, aparecer en medios y convertirse en protagonista de una disputa política, y otra muy distinta es transformar esa exposición en puntos dentro de una encuesta.
El tema de fondo es que si Esthela logra subir lo suficiente para colocarse entre las tres mujeres que pasarán a la encuesta final de seis aspirantes, entonces el bloqueo de los taxistas habrá terminado siendo uno de esos episodios que en política producen exactamente el efecto contrario al que sus autores buscaban. Un bumerang.
Y en esta sucesión, donde todavía nadie puede asegurar quién llegará a la última etapa, un par de puntos pueden terminar valiendo mucho más de lo que hoy parece.

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