JULIO ZENON FLORES
La posibilidad de que Beatriz Mojica Morga gane la encuesta de Morena para definir a quien coordinará los trabajos de la llamada Cuarta Transformación en Guerrero no puede descartarse, y hacerlo a estas alturas con el argumento de que otras aspirantes tienen mayor presencia mediática o estructuras políticas más visibles sería confundir el ruido de la contienda con los factores que realmente pueden pesar cuando una candidatura se decide mediante una encuesta.
Mojica ha construido una campaña que, sin alcanzar todavía el nivel de exposición de algunas de sus competidoras, tiene una característica que puede resultar decisiva: consistencia. Sus asambleas no aparecen como actos aislados para llenar una agenda, sino como parte de un recorrido territorial en el que ha logrado reunir a militantes fundadores de Morena, dirigentes sociales, actores políticos con estructura propia y ciudadanos que no necesariamente tienen una historia dentro del partido, pero que encuentran en ella una opción competitiva para encabezar el proyecto de la Cuarta Transformación en Guerrero.
Ese punto merece atención porque una encuesta no pregunta quién organizó el acto más grande, quién colocó más espectaculares o quién consiguió la fotografía política más llamativa, sino quién tiene mayor reconocimiento y aceptación entre los ciudadanos consultados, y en ese terreno Mojica cuenta con una ventaja que sus adversarias no pueden ignorar: su nombre lleva años circulando en la política guerrerense, conoce el estado, ha participado en procesos electorales, ha ocupado responsabilidades públicas de alcance nacional y tiene una trayectoria suficientemente conocida como para que su eventual crecimiento no dependa exclusivamente de la militancia organizada de Morena.
A ello se suma algo que puede ser todavía más importante: la capacidad para sumar sectores que normalmente no aparecen en las estructuras partidistas. En los eventos de Mojica han comenzado a confluir personajes con organización propia, fundadores del partido guinda y ciudadanos provenientes de otros espacios políticos y sociales, lo que le permite ampliar el universo de simpatías más allá del voto duro de Morena y construir una imagen de candidatura con posibilidades de representar algo más amplio que una corriente interna.
Ese es precisamente uno de los riesgos que enfrentan quienes pretenden medir su competitividad únicamente por la estructura que poseen dentro del partido. Morena tiene militantes, pero la elección constitucional de 2027 tendrá que hacerse con ciudadanos, y entre una cosa y otra existe una diferencia considerable. La encuesta puede favorecer a quien consiga trasladar su reconocimiento personal, su trayectoria y su capacidad de convocatoria fuera de los límites de las estructuras partidistas.
Mojica también ha procurado colocar sobre la mesa planteamientos políticos que buscan darle contenido a su aspiración, particularmente alrededor de un Guerrero con mayor desarrollo, mejores condiciones sociales y una relación distinta entre gobierno y ciudadanía. Puede discutirse la eficacia de sus propuestas o incluso la manera en que las comunica, pero resulta difícil sostener que su participación se reduzca a una disputa por la candidatura, porque ha intentado presentar una visión de estado y no solamente una lista de adhesiones.
Otro factor que juega a su favor es su arraigo. Beatriz Mojica no necesita explicar por qué quiere gobernar Guerrero ni construir de último momento una relación con el estado, porque su trayectoria política está vinculada directamente con la entidad y porque su nombre ha formado parte de las disputas políticas guerrerenses durante varios años. Esa familiaridad puede convertirse en un activo importante frente a perfiles que tienen reconocimiento en determinados sectores, pero cuya penetración territorial o conocimiento entre los ciudadanos comunes es más limitado.
Y hay un elemento adicional que puede terminar siendo relevante: sus negativos.
Mojica ha sido objeto de una campaña de descalificaciones y ataques que evidentemente busca modificar la percepción sobre ella, pero hasta ahora no parece haber producido el efecto suficiente para colocarla fuera de la competencia. En una contienda de estas características, donde prácticamente todos los aspirantes están sujetos a cuestionamientos, la capacidad de resistir una guerra sucia sin que ésta se convierta en un rechazo generalizado puede ser tan importante como la capacidad de sumar simpatías.
Por eso, más que preguntar si Beatriz Mojica es hoy la favorita indiscutible, la pregunta correcta es si tiene condiciones reales para llegar al primer lugar cuando Morena levante la medición que habrá de definir la coordinación. La respuesta es sí, aunque eso no significa que tenga la victoria asegurada.
Tiene territorio, reconocimiento, experiencia, una trayectoria que trasciende a Morena, capacidad para atraer a ciudadanos que no forman parte de la estructura tradicional del partido, respaldo de actores con organización propia y una base de fundadores del movimiento que puede ayudarle a defender la idea de que su proyecto no es una incorporación reciente a la Cuarta Transformación. Al mismo tiempo, necesita convertir esa suma heterogénea en una percepción suficientemente amplia y favorable entre los ciudadanos que serán consultados.
Ahí estará la verdadera batalla.
Porque si algo puede modificar el escenario que hoy parece dibujado por las fotografías de los actos políticos es precisamente una encuesta que mida a ciudadanos y no a operadores, reconocimiento y no solamente capacidad de movilización, y aceptación y no únicamente presencia territorial.
Beatriz Mojica todavía no tiene la candidatura, pero tampoco puede ser considerada una participante secundaria. Su campaña ha ido acumulando elementos que, juntos, pueden colocarla en una posición mucho más competitiva de la que algunos de sus adversarios están dispuestos a reconocer, y quizá por eso los ataques contra ella han aumentado.
En Morena, donde la decisión final dependerá de una medición y no de la voluntad de una sola estructura, la ventaja de hoy puede no ser la ventaja de mañana. Y si Mojica consigue que la suma de sus recorridos, sus respaldos, su arraigo y sus bajos negativos se traduzca en reconocimiento ciudadano, entonces tendrá una posibilidad real de ganar la encuesta y convertirse en la mujer que encabece el proyecto guinda para Guerrero en 2027.

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