Golpe desde Nueva York: EU acusa a Rocha Moya y abre otro frente para Sinaloa

 


En un movimiento que sacude la escena política mexicana y escala la presión internacional sobre el combate al narcotráfico, el gobierno de Estados Unidos imputó cargos al gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, por presuntos vínculos con el crimen organizado.

La acusación fue presentada por la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York, una de las instancias más agresivas en la persecución del narcotráfico. Ahí se le señala por delitos de alto impacto, como conspiración para la importación de drogas y posesión de armamento de uso exclusivo, presuntamente en coordinación con la facción de “Los Chapitos”, del Cártel de Sinaloa.

Pero Rocha no está solo en este expediente. En la misma causa aparece el senador Enrique Inzunza Cázarez, junto a otros exfuncionarios de áreas clave como seguridad y finanzas, lo que perfila —según la narrativa de los fiscales estadounidenses— una red institucional de protección al crimen.

De acuerdo con la acusación, los implicados habrían recibido sobornos millonarios a cambio de facilitar operaciones del cártel: desde permitir el tránsito de cargamentos de droga, hasta filtrar información sensible sobre operativos, garantizando así un margen de impunidad en territorio sinaloense.

El expediente también incluye señalamientos por uso de armas de fuego y dispositivos explosivos, cargos que en el sistema estadounidense pueden traducirse en sentencias que van desde 40 años de prisión hasta cadena perpetua.

Por ahora, todos los señalados permanecen en México y, conforme a derecho, se presumen inocentes hasta que se determine su responsabilidad en un tribunal.

Más allá de lo judicial, el caso abre un capítulo político delicado: coloca a un gobernador en funciones bajo la lupa de la justicia estadounidense y reaviva el debate sobre los alcances de la cooperación bilateral en materia de seguridad… y sus implicaciones para la soberanía mexicana.

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