Acapulco se cuenta a sí mismo: pasarela, memoria y resistencia en el Fuerte de San Diego


Acapulco no sólo recibió al Tianguis Turístico en su edición número cincuenta; se miró al espejo. Y en ese reflejo —entre luces, textiles, discursos y nostalgia— decidió narrarse como lo que insiste en ser: origen, memoria viva y espectáculo que no se rinde.

El escenario no fue casual. El Museo Histórico Fuerte de San Diego, con su geometría de estrella y su pasado vigilante, se convirtió en foro de una celebración que tuvo algo de ceremonia cívica y mucho de función escénica. “Guerrero, el Origen”, le llamaron. Y en esa frase cabe todo: la evocación, el orgullo, pero también la necesidad de recordarse a sí mismos que aquí empezó algo que aún no termina.

La gobernadora Evelyn Salgado Pineda tomó la palabra como quien presenta una obra en curso. Habló de una “edición de oro” dedicada al pueblo acapulqueño, y en su discurso se coló esa épica contemporánea que mezcla política con resistencia emocional: dos huracanes después, el puerto no se declara vencido. “Acapulco está más fuerte que nunca”, dijo, y la frase, repetida como mantra, encontró eco en un público que no sólo escucha, sino que evalúa, compara, recuerda.

Porque Acapulco es también eso: un archivo de memorias superpuestas. El del jet set que ya no está, el de las películas que lo volvieron mito, el de los turistas que lo hicieron rutina… y ahora, el de una ciudad que se reconstruye a la vista de todos.

La secretaria de Turismo federal, Josefina Rodríguez Zamora, hizo lo propio: reconocimiento institucional, aplauso medido, el gesto de acompañar una narrativa que necesita respaldo tanto como reflectores. La alcaldesa Abelina López Rodríguez cerró el círculo con gratitud explícita, porque en estos eventos la política también se coreografía.

Pero si algo terminó de darle tono a la noche fue la pasarela. El diseñador Daniel Espinoza puso a desfilar joyería y textiles como si el puerto se vistiera para sí mismo, recordando que la estética también es una forma de resistencia. Y luego, el espectáculo “Acuérdate de Acapulco” hizo lo que mejor sabe hacer este lugar: apelar a la nostalgia, ese territorio donde todo tiempo pasado parece mejor… aunque el presente insista en abrirse paso.

Ahí estaban alcaldes, funcionarios, secretarios de turismo de todo el país. Pero, más allá de la lista de invitados, lo que se respiraba era otra cosa: una mezcla de celebración y reivindicación. Como si Acapulco dijera, entre luces y aplausos, que no necesita reinventarse, sino recordar quién es.

Y en ese acto —medio político, medio cultural, totalmente escénico— el Tianguis Turístico volvió a su origen. No como un regreso triunfal, sino como una afirmación: este puerto, golpeado y luminoso, sigue siendo relato… y escenario.

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