Por Julio Zenón Flores
En Morena Guerrero el ambiente rumbo a 2027 se ha calentado antes de tiempo. No es casual. Por un lado, prevalece la idea —cada vez más extendida— de que la oposición no tiene hoy la fuerza suficiente para poner en riesgo la continuidad del partido en el poder. Bajo esa lógica, la verdadera disputa no está afuera, sino adentro: quien gane la candidatura de Morena tendrá, en los hechos, medio camino recorrido hacia la gubernatura.
Pero hay otro factor que ha acelerado la competencia: la línea política trazada desde la Presidencia de la República y respaldada por el Consejo Nacional de Morena, que establece con claridad que no habrá herencias de poder entre familiares directos. En otras palabras, se cierra la puerta a la continuidad dinástica y se abre la posibilidad de una recomposición interna.
Este criterio rompe inercias, oxigena el escenario y, al mismo tiempo, desafía a los cacicazgos políticos. Se trata de una especie de “rotación de élites” que recuerda —con sus matices— a las prácticas del viejo priismo, cuando el poder se distribuía entre sectores (obrero, campesino y popular) para evitar concentraciones excesivas, aunque ahora el énfasis está en impedir la transmisión familiar del mando.
En Guerrero, esta definición tiene nombre y apellido. En el imaginario político nacional y local, el senador Félix Salgado Macedonio —quien fue candidato en 2021 antes de ser bajado de la contienda por el INE— logró, de facto, dar continuidad a su proyecto a través de su hija, la actual gobernadora Evelyn Salgado Pineda. Y lo cierto es que, para sorpresa de muchos, Evelyn no solo ha sostenido el gobierno, sino que incluso hay sectores de la clase política que consideran que su desempeño ha superado las expectativas.
Ese contexto es precisamente el que ha detonado nuevas aspiraciones. Sin la figura dominante de Félix en la boleta, actores de perfil medio —que en otro momento ni siquiera hubieran considerado competir— hoy ven condiciones de mayor equidad. Hay, en los hechos, un “piso más parejo” que abre la puerta a perfiles con formación, experiencia y redes propias, aunque no necesariamente mediáticos.
En esa baraja destacan varios nombres:
Iván Hernández Díaz, delegado del Bienestar, con presencia territorial consolidada a partir de la operación de los programas sociales;
Javier Saldaña Almazán, con influencia estatal a través de la UAGro y capacidad probada de interlocución política;
Pablo Amílcar Sandoval, figura fundacional de Morena en Guerrero y heredero de una tradición de lucha social;
Alberto López Rosas, con experiencia como alcalde de Acapulco y procurador;
Rogelio Ortega, exgobernador en una etapa crítica, con pasado en la izquierda radical;
y Rubén Cayetano García, abogado combativo, cercano a Gerardo Fernández Noroña.
Sin embargo, todos ellos enfrentan una incertidumbre mayor: el género de la candidatura.
Morena está obligado a postular mujeres en al menos la mitad de las 17 entidades que estarán en juego en 2027, es decir, en 8 o 9 estados. Más aún, al menos cuatro de esas candidaturas femeninas deberán ubicarse en entidades con alta probabilidad de triunfo.
Ahí es donde Guerrero entra en la ecuación.
De los 12 estados actualmente gobernados por Morena —Sonora, Baja California, Baja California Sur, Colima, Nayarit, Sinaloa, Michoacán, Zacatecas, Campeche, Guerrero, Quintana Roo y Tlaxcala— los análisis anticipan riesgos en varios. Estudios como los de Político MX sugieren que solo nueve podrían considerarse relativamente seguros: Guerrero, Tlaxcala, Baja California, Baja California Sur, Colima, Nayarit, Sinaloa y Sonora (con variaciones según la medición). De ese bloque, al menos cuatro tendrían que destinarse a candidaturas femeninas.
La pregunta es inevitable: ¿estará Guerrero en esa lista?
Si la respuesta es sí, el escenario cambia radicalmente. Las aspiraciones masculinas quedarían subordinadas y cobrarían fuerza perfiles como Beatriz Mojica, Abelina López Rodríguez o incluso Estela Damián, quienes ya aparecen competitivas en algunas mediciones.
Pero si Guerrero se define como espacio para varón, la contienda interna se abriría en toda su dimensión… aunque con un factor que sigue pesando: Félix Salgado Macedonio.
Morena tiene dos rutas frente a él. Una, dejarlo fuera bajo el argumento de que su vínculo familiar con la actual gobernadora contraviene los lineamientos internos. Dos, permitirle participar en las encuestas, lo que parece más viable políticamente. En ese escenario, Félix no tendría garantizada la candidatura: aunque algunas mediciones lo colocan al frente, otras muestran competencia real, especialmente de figuras femeninas.
Así, la definición de género no es un detalle técnico: es la llave que ordenará toda la sucesión en Guerrero.
Porque antes de saber quién, Morena tendrá que decidir algo más profundo: si en Guerrero, en 2027, gobernará un hombre… o una mujer.

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