Por Julio Zenon Flores.
María Luisa Alcalde ha hecho una clara defensa pública de la definición de Morena Sí rumbo al proceso electoral de 2027, que no parece dejar espacio a la duda o a la especulaciòn y ya es necesario hablar de frente sobre el tema y no en murmullos en los pasillos temiendo que se suelten los demonios sobre quien ose decirlos en voz alta.
Se trata, más que de una norma interna, de una línea de corte: Morena no postulará a familiares directos de gobernantes en funciones. Traducido al terreno local, el mensaje es inequívoco. Félix Salgado Macedonio queda, de facto, fuera de la ruta formal hacia 2027.
No es un ajuste menor ni una concesión discursiva. Es una decisión que rompe una lógica que el propio movimiento había tolerado en distintos momentos: la de los relevos por proximidad familiar como extensión del poder. Ahora, la dirigencia nacional intenta cerrar esa puerta antes de que se convierta en conflicto interno o en costo electoral.
La medida, además, no se explica sin el contexto nacional. Claudia Sheinbaum ha colocado el tema del nepotismo en la narrativa de legitimidad de su gobierno. Morena necesita coherencia entre discurso y práctica. Guerrero, por su historia reciente, era una prueba obligada.
Claro que , como toda regla genera efectos inmediatos. Y el primero es la reconfiguración del tablero interno. Veamos:
Sin Félix en la boleta —al menos bajo las reglas actuales—, el espacio no queda vacío: se redistribuye. Y en esa redistribución hay nombres que comienzan a adquirir densidad política más allá de la especulación. Iván Hernández Díaz es uno de ellos.
No aparece por casualidad ni por coyuntura. Su posicionamiento responde a una lógica distinta a la de otros aspirantes: menos exposición, más operación. Desde la estructura de Bienestar ha tejido una red territorial que, en Guerrero, equivale a músculo político real. No es un dato menor en un estado donde la política se sigue ganando en campo, no en redes.
Después de Félix, es de los pocos perfiles con presencia efectiva en territorio y con interlocución directa con las bases sociales del movimiento. Eso, en un proceso interno como el de Morena, pesa más que cualquier campaña mediática.
Aquí entra la variable que terminará de ordenar el escenario: el género. Si la candidatura se define para mujer, el tablero se reacomoda en otra lógica y los equilibrios cambian. Pero si Morena opta por un hombre, el margen se estrecha de manera drástica. Y en ese escenario, Iván Hernández no solo es competitivo: es funcional al modelo que hoy busca imponer la dirigencia nacional. No confronta, no rompe, no polariza hacia adentro. Opera.
Esa característica, que en otro momento pudo leerse como bajo perfil, hoy se convierte en activo. Morena, después de varios episodios de tensión interna en distintas entidades, parece inclinarse por perfiles que garanticen cohesión antes que protagonismo. En Guerrero, esa no es una cualidad secundaria.
El estado arrastra una complejidad estructural: violencia persistente, fragmentación política y una disputa territorial que no siempre pasa por los canales institucionales. En ese contexto, el candidato o candidata no solo debe ganar una elección, sino sostener gobernabilidad.
La definición de Alcalde no elimina liderazgos; los obliga a replegarse o a reconfigurarse. Félix Salgado seguirá siendo un actor central, pero ya no necesariamente como candidato, sino como factor de decisión dentro del movimiento. Y eso abre otro capítulo: quién capitaliza ese respaldo y en qué términos.
Hoy el partido busca adelantarse. Fijar límites. Mandar señales.Y en ese movimiento, silencioso pero contundente, empieza a perfilarse no solo quién podría aparecer en la boleta, sino qué tipo de liderazgo quiere construir Morena hacia 2027.

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