Chicotazos
Por Francisco Javier Flores V.
La difusión de una investigación periodística respecto a la situación que guarda el Sindicato Nacional de Redactores de la Prensa es relevante no sólo por el dato revelador de que dicha organización carece de la toma de nota que le daría legalidad, sino porque desnuda las prácticas nefastas de sus eternos dirigentes nacionales que le han llevado a su inminente extinción.
Para nadie es un secreto que los hermanos Alejandro y Fernando Olivas Ortiz y Rogaciano Méndez González, llevan décadas usufructuando esas siglas para su beneficio personal y los hechos hablan por sí solos.
Simulando asambleas en el papel, porque en los hechos eran inexistentes, esos tres individuos se han ido rolando la dirigencia por décadas, con todas las canongías y privilegios que ellas implicaban.
Al menos en Guerrero -y particularmente la Delegación 25 de Acapulco- ex secretarios generales dan cuenta de las exigencias de los Oliva y el tal Rogaciano, que cada que venían con cualquier pretexto al puerto exigían privilegios propios de magnates:
Hospedaje en hoteles de 5 estrellas para ellos y sus acompañantes, comidas en los mejores restaurantes, viáticos y gestión de cuantiosos recursos ante los gobernantes en turno, amén de exigir parte de las exiguas cuotas que aportaban los agremiados a la delegación.
Aunado a ello, comenzaron a incurrir en abusos como imposición de dirigentes desde la cúpula, expulsiones injustificadas, uso faccioso de los estatutos, acomodándolos a su modo para reprimir inconformidades y disidencias, lo que llevó al hartazgo de la base.
En 2019, por ejemplo, Rogaciano Méndez fue expulsado a empujones del edificio gremial y años más tarde, en 2023, en asamblea general se decidió desconocer a la dirigencia nacional e iniciar la constitución de la Delegación 25 SNRP en el ámbito local.
Y es que no fue una inconformidad contra las siglas, ni contra la figura delegacional; fue un ya basta a tantas tropelías de los Oliva, Rogaciano y un tal Juan Carlos Rojas que en la última elección vino como enviado a pretender imponer por órdenes de la dirigencia nacional a una mujer que la mayoría de los afiliados rechazó, eligiendo ellos legítimamente a quien los habría de representar.
En 2023, por cierto, feneció junto con el último periodo encabezado por Rogaciano Méndez la también última toma de nota. El SNRP se mantuvo acéfalo más de 2 años, sin explicación alguna.
A finales del año pasado sorpresivamente el Sindicato "revivió", ellos juran que llevaron a cabo elecciones y ¿adivinen quién supuestamente resultó electo? ¡Acertaron! Uno de los Oliva, nuevamente como dirigente nacional. El colmo.
Por eso las bases conscientes ya no creen en ellos, por eso el hartazgo, por eso grupos como el de Chilpancingo, la Delegación 17, se han deslindado de ellos, aunado a la ambición de Rogaciano y los Oliva de pretender adueñarse de edificios sobre los que no tienen ninguna injerencia. Ni en el de Chilpancingo, ni en el de Acapulco.
La peor vergüenza es que precisamente por esa falta de legalidad del comité nacional del SNRP, actualmente ninguna Delegación tiene representatividad como tal en el comité técnico del Fondo de Apoyo a los Periodistas. Los compañeros de Chilpancingo refrendaron su estadía ahí a través de otra vía, no por el respaldo nacional.
Asi, mientras el SNRP languidece con dirigentes faltos de toda credibilidad, en Guerrero solamente quedarán las siglas como testimonio de lo que fue y ya no será más.
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