Por Baltasar Hernández Gómez.
Cambiar lo caduco, lo que no funciona o hace mal a la humanidad se ha convertido en una abstracción que se deja abierta a la "heroicidad de los otros" y no del colectivo nosotros, evocando figuras del oficialismo histórico y a personajes literarios o del cine que con su proceder pudieron iniciar y/o culminar movimientos sociales de gran envergadura.
La libertad, la justicia, el desarrollo equitativo, el respeto a los derechos fundamentales y humanos, la no violencia, la no discriminación y el bienestar generalizado son ahora conceptos alejados del quehacer de los individuos, porque representan un ideal cada vez más difícil de concretar, ya que el modo de vida occidental se ha colocado como la utopía lograda, el climax de la humanidad que no necesita más que continuar replicándose para "estar bien", siendo respetuosos de las leyes, tradiciones, ideas, y conductas impuestas por los centros de poder.
La validación machacante de lo que es inhumano -por donde quiera verse- está situada en los productos comunicativos presentados con bombo y platillo en internet, televisión, radio y ahora cada vez menos en medios impresos; haciendo que el individualismo sea el horizonte a perseguir.
En este "universo paralelo" las personas inconformes, rebeldes y concientes de que el sistema no funciona mas que para una minoría, la cual es soportada por los diferentes sectores de la clase trabajadora, ya que sirve sólo como modelo aspiracionista, que con ejemplos de superación, trata de sustentar lo que no tiene cabida en la consecución de un mundo con oportunidades para todas y todos.
Los que no desean seguir en este bucle, los que levantan la voz y luchan desde sus trincheras existenciales quedan expuestos como locos que hay que apartar para no contaminar a las masas.
Sin embargo, cuando las personas empiezan a detener el columpio de la cotidianeidad que impone la satisfacción material inmediata, el mundo es percibido con mayor claridad, identificando que la estructura social, económica, cultural y política no está formulada para brindar bienestar a las mujeres y hombres de todas las edades y condiciones.
A partir de aquí surge el pensamiento reflexivo, crítico, creativo y constructivo para alejarnos de la inmovilidad y pasar a la participación activa de cambiar lo que no es correcto.
Por ello, la acción no puede continuar pensándose que solamente puede emanar de la voluntariedad masiva o por determinación de héroes o mártires, sino tiene que ser asumida como una decisión congruente para actuar desde la intimidad del ser, es decir, de lo que somos, pensamos, decimos, sentimos, hacemos y compartimos en los entornos cercanos.
Resulta imprescindible comenzar a transformar los espacios actuales de interrelación en sitios de verdadera convivencia sana, armónica y proactiva, un cambio sustentable y sostenible desde el hogar, desde la calle, colonia, población, ciudad, entidad y país.
Estoy convencido que en esta ruta tenemos la oportunidad de construir un mundo mejor, uno que sea nuestro, que sea presente y futuro para nuestros descendientes.
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*Este breve texto de mi autoría forma parte de un conjunto de aportaciones que realizo de manera periódica en medios digitales. Es un artículo de opinión que emite posicionamiento analítico-crítico particular sobre el tema de control político y la acción social desde una perspectiva integral.*
*Su finalidad es puramente divulgativa y busca incentivar la reflexión.*
*Para trabajos de tipo académico-científico, mis producciones intelectuales se exponen en otros foros orales y escritos más específicos, de manera formal y rigurosa.*
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