Por Julio Zenón Flores
Hay una discusión que vuelve una y otra vez cada vez que el tablero político de Guerrero empieza a moverse: si Beatriz Mojica Morga "es o no es" de izquierda. El argumento de sus críticos es siempre el mismo, repetido como consigna cómoda: que en su momento calificó de autoritario a Andrés Manuel López Obrador y que respaldó la candidatura presidencial de Ricardo Anaya. A partir de ahí, pretenden construir una especie de excomunión ideológica que, curiosamente, aparece solo cuando su nombre empieza a crecer en las encuestas internas y en las conversaciones serias rumbo a la sucesión estatal.
Lo primero que habría que decir es que la izquierda no es una estampita ni un expediente limpio de contradicciones. Es una trayectoria, una práctica y, sobre todo, una ubicación política en momentos clave. Mojica no es una recién llegada ni una oportunista de coyuntura: ha transitado durante décadas por las causas sociales, los movimientos progresistas y las disputas reales por el poder en Guerrero. Reducir su historia política a un par de declaraciones o a un respaldo coyuntural en una elección presidencial es una simplificación interesada.
Más aún: buena parte de quienes hoy la acusan de "no ser izquierda" provienen, paradójicamente, del viejo sistema priista. Son cuadros formados en la cultura del dedazo, del corporativismo y de la simulación ideológica; personajes que jamás militaron en una organización revolucionaria real, que nunca pagaron costos por enfrentarse al poder y que ahora se erigen como guardianes de una pureza doctrinaria que nunca practicaron. Su crítica no es ideológica: es instrumental.
El objetivo es claro. No se trata de debatir ideas, sino de minar la colocación política de Beatriz Mojica como la mujer con mayores posibilidades reales de convertirse en candidata de Morena a la gubernatura de Guerrero. Y eso explica también otro dato que incomoda: su cercanía política con el senador Félix Salgado Macedonio. Mojica no solo forma parte de su círculo de confianza; fue una de las figuras que lo respaldaron en 2021, cuando él encabezaba la candidatura al gobierno del estado y hasta que el INE le retiró el registro con el argumento de no haber reportado un gasto menor —20 mil pesos—, una decisión que cambió el curso de la elección y abrió la puerta a la candidatura de Evelyn Salgado.
Ese antecedente no es menor. Beatriz Mojica estuvo ahí antes del relevo forzado, no después. Y hoy, en el escenario rumbo a 2027, aparece como una figura que podría representar continuidad política y administrativa con el actual gobierno estatal, en caso de ser candidata y, eventualmente, gobernadora. Continuidad no como calca, sino como línea: un proyecto que se asume parte de la Cuarta Transformación, con ajustes, matices y experiencia acumulada.
Por eso la ofensiva. Porque si Félix Salgado no pasa el filtro del nepotismo, Mojica se perfila como una opción natural, cercana, confiable y con oficio. Y porque, a diferencia de muchos de sus detractores, no necesita reinventarse discursivamente para encajar en Morena: ya está ahí, con peso específico, relaciones construidas y una lectura clara del momento político.
Al final, la pregunta no es si Beatriz Mojica dijo tal o cual cosa hace años, sino dónde está hoy, con quién camina y qué proyecto representa. Todo lo demás es ruido, fabricado desde el miedo de quienes saben que, esta vez, la disputa no se va a resolver con etiquetas, sino con correlación de fuerzas.

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