Por Julio Zenón Flores
Jesús Urióstegui García, actual presidente de la
Junta de Coordinación Política, del Congreso de Guerrero, lo hizo otra vez:
consiguió que 40 de los 44 diputados presentes aprobaran la reforma a la
Ley Orgánica de la Universidad Autónoma de Guerrero.
No es un tema menor y tampoco lo hizo solo; contó con el
respaldo de la gobernadora Evelyn Salgado y eso realza su labor, pues muestra
un trabajo de equipo con una misma ruta para que las autoridades rindan buenas
cuentas al pueblo.
La iniciativa enviada por el Ejecutivo había levantado
resistencias en varios frentes —académicos, políticos y hasta internos dentro
de Morena, aunque más de bloff de una ínfima minoría—, pero Urióstegui la
condujo al puerto seguro. Lo interesante no fue la votación en sí, sino la
forma en que la logró: sin presumirlo, sin presiones públicas, con un
trabajo discreto de convencimiento que cruzó las líneas partidistas.
Ahí está su mérito. No todos los días se ve a un coordinador
morenista lograr respaldo de la oposición en un tema tan sensible como la
legislación universitaria. Y lo hizo sin sacrificar principios ni concesiones
políticas indebidas. Simplemente apelando a la racionalidad: la universidad no
podía seguir atrapada en inercias del pasado.
Lo que vemos es que su estilo es más de diálogo que de
reflectores. No se le ve en conferencias ni en pleitos mediáticos, pero los
resultados hablan. En su periodo al frente de la Jucopo ha conseguido
acuerdos en temas donde otros no pudieron avanzar, y eso, en un Congreso
tan fragmentado, es casi una rareza.
Quizá por eso su salida —que podría darse en diciembre,
cuando toque la rotación del cargo según los acuerdos internos— dejará una
sensación de orden y oficio. Y es que aunque tiene los votos para quedarse,
no lo hará y ese detalle, en tiempos de ambiciones desbordadas, vale más que
cualquier discurso de ética pública.
Urióstegui se irá, cuando tenga que irse, dejando constancia
de que la política también puede hacerse desde la sencillez. Que no todo
liderazgo necesita gritar o mover las manos o hacer gestos como Noroña. Que a
veces basta con saber escuchar, leer bien los tiempos y decidir cuándo ceder
para ganar.
Ese es su sello: el operador silencioso que consigue lo
que otros apenas intentan.

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