Acapulco, Gro., 20 de agosto de 2025 — Este miércoles se cumplen 58 años de la Masacre de la Coprera, uno de los episodios más trágicos en la historia contemporánea de Guerrero. El hecho ocurrió el 20 de agosto de 1967 en la ciudad de Acapulco, cuando un conflicto interno entre grupos de productores de copra derivó en un enfrentamiento armado que dejó decenas de muertos y heridos.
La tragedia se desarrolló durante un congreso de la Unión Regional de Productores de Copra del Estado de Guerrero (URPCEG), en el edificio conocido como La Coprera, ubicado en la colonia Bellavista. Aproximadamente 800 campesinos copreros se manifestaban en contra de la elección de Jesús Flores Guerrero como dirigente de la organización y la imposición de un impuesto de 13 centavos por kilogramo de copra.
De acuerdo con testimonios e investigaciones posteriores, pistoleros armados vinculados a la dirigencia oficial, con el presunto respaldo del entonces gobernador Raymundo Abarca Alarcón, abrieron fuego contra los manifestantes al intentar ingresar al inmueble. Los atacantes, procedentes de la Costa Chica y Costa Grande, fueron contratados para resguardar el edificio ante el temor de que los opositores interfirieran en la asamblea.
Los reportes iniciales hablaron de 27 muertos y 120 heridos, aunque versiones extraoficiales estiman hasta 86 fallecidos y más de 150 personas lesionadas. En 2007, un recuento realizado por la propia organización coprera reconoció oficialmente la muerte de 38 personas.
Durante la represión, las fuerzas del orden detuvieron a 44 personas, incluidos líderes de la organización, y más tarde se descubrió un arsenal en el interior del edificio, compuesto por rifles, pistolas y ametralladoras. Posteriormente, algunas de las personas presuntamente responsables fueron liberadas.
Este violento episodio fue originado por una disputa interna tras las elecciones del 23 de abril de ese año, en las que Jesús Flores Guerrero resultó ganador frente a Julio Berdeja. La oposición buscaba destituirlo con apoyo del entonces diputado federal César del Ángel, lo que derivó en el intento de tomar la sede de la Coprera.
La masacre de 1967 sigue siendo una herida abierta en la historia de Guerrero y un recordatorio de las consecuencias de la violencia política y la represión contra los movimientos campesinos. A casi seis décadas del hecho, familiares de las víctimas y organizaciones sociales continúan exigiendo justicia y el pleno reconocimiento de la magnitud de esta tragedia.
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