Clasismo, invitado VIP de Adela Román en su toma de protesta


“Y con la resaca a cuestas
Vuelve el pobre a su pobreza,
Vuelve el rico a su riqueza
Y el señor cura a sus misas.
Se despertó el bien y el mal
La pobre vuelve al portal,
La rica vuelve al rosal,
Y el avaro a las divisas”: Fiesta, Serrat.

Por Alianza Periodística de Guerrero

En la toma de protesta de Adela Román Ocampo como alcaldesa de Acapulco el marcada división de clases sociales fue en el invitado especial, ante la ausencia del gobernador y el alcalde saliente.

El clasismo se pudo notar tan pronto llegaban las personas a las instalaciones del imponente Forum de Mundo Imperial, en la pujante zona Diamante, la preferida de ricos locales y capitalinos.

Las primeras seis filas del frente estaban destinadas para aquellos que llegaban con la etiqueta de invitados. Para ellos el acceso fue un lecho de rosas.

Tenían una fila especial, sin aglomeraciones, empujones ni sudor o maquillaje corrido.

Hasta al lujoso recinto llegaron los próximos funcionarios municipales y los salientes, los familiares, amigos, aliados del nuevo gobierno así con servidores públicos estatales, legisladores y la clase empresarial y hoteleros que siempre, quien sabe cómo, se acomoda en todos los gobiernos, sean éstos zurdos o derechos.

Y mientras la sinfónica del Ayuntamiento se escuchaba al fondo, los ciudadanos de la segunda clase luchaban por un lugar para entrar.

Para ellos en vez de acompañantes hubo arcos detectores de metales y empujones para no quedarse fuera de la fila.

Tal vez creyendo que estando adentro por fin soplarían vientos de cambio, los ciudadanos soportaron el desorganizado esquema de los anfitriones.

La duda pronto se aclaró, quienes siempre marchan, promueven el voto en las colonias, pegan calcomanías y reparten microperforados, ocuparon los mismos lugares de siempre, las últimas filas, alejados de quienes llevaron al poder, y paradójicamente en los mismos lugares estaban quienes que en cada gobierno ocupan las sillas más cercanas al presidium, cerca de los gobernantes.

A los amigos de infancia de la alcaldesa de la colonia Progreso nada les ayudó la lona que llevaron con la leyenda “Los amigos de infancia de la calle Durango apoyamos y felicitamos con mucho cariño a nuestra amiga la Lic. Adela Román Ocampo”. No pudieron pasar a fila de los privilegiados y se conformaron con gritar porras y vivas a más de 30 metros de distancia de la alcaldesa.

Esto es ver para vivir. Los aplausos más intensos, los gritos de ánimo más vibrantes para Adela solo se escuchaban desde el fondo.

Al frente los aplausos solo ganarían concursos de timidez y desgano.

Con la ilusión de ver el inicio de la cuarta transformación en Acapulco muchos llegaron vestidos como en campaña, con la gorra y el chaleco de color guinda pero para los vigilantes no existe la democracia y sin pase no los dejaron pasar.

Con ciudadanos divididos por clases sociales es como la Cuarta Transformación inició con un sabor agridulce en Acapulco.

Ante notarios, cónsules, ex gobernadores, jueces, abogados, diputados y senadores, Adela dio su discurso, prometió hacer realidad la cuarta transformación, no gobernar a espaldas del pueblo y no fallar a los acapulqueños, algo que es ya común escuchar cada tres años por estas fechas. Adela no quiso guardarse ningún cliché.

El evento acabó y poco a poco el salón fue quedando solo.

Como dijo Tarrés en su canción Fiesta: “Se acabó. El sol nos dice que llegó el final, por una noche se olvidó
Que cada uno es cada cual.
Vamos bajando la cuesta
Que arriba en mi calle
Se acabó la fiesta”.

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