No culpes a Saldaña, no culpes a la playa

 

Por Julio Zenón Flores / Trasfondo Informativo

Parafraseando a Luis Miguel, habría que decirlo desde el principio: no culpes a Saldaña, no culpes a la playa, porque en el enredo que terminó con la suspensión de un certamen de declamación y oratoria en la Universidad Autónoma de Guerrero hay varios responsables posibles de un error de organización, pero no todos estaban detrás de las decisiones que desencadenaron el conflicto. Y, sin embargo, el exrector Javier Saldaña Almazán terminó en el centro de una controversia que algunos interpretan como un simple malentendido y otros como una maniobra para golpear su imagen política, después de su participación en la contienda interna de Morena por la Coordinación Estatal de Defensa de la Transformación.

Todo comenzó en el auditorio Norberto Bobbio del Instituto Internacional de Estudios Políticos Avanzados “Ignacio Manuel Altamirano”, donde coincidieron dos actividades que, en principio, podían desarrollarse sin interferencias. Por un lado, el certamen de declamación y oratoria organizado por la revista Controversias, del polémico periodista Igor Petit, con motivo de su vigésimo segundo aniversario; por el otro, el reconocimiento que el Sindicato de Trabajadores Académicos de la Universidad Autónoma de Guerrero (STAUAG) había preparado en honor de Saldaña. Como ambos actos ocuparían áreas diferentes del auditorio, el director del plantel, Marco Antonio Adame, consideró que podían realizarse simultáneamente. El problema fue que el sonido no entiende de divisiones administrativas: el ruido de la ceremonia sindical impedía escuchar adecuadamente a los concursantes y fue Igor Petit quien decidió suspender el certamen.

Aquí hay una primera precisión que conviene no perder entre las versiones y las interpretaciones políticas: el homenaje sí era para Javier Saldaña, pero no lo organizó él. La iniciativa correspondió al comité directivo del STAUAG, cuyos integrantes se sienten agradecidos por los avances laborales que atribuyen a la disposición del ahora exrector durante su gestión. El sindicato quería entregarle una medalla y un pergamino desde que todavía ocupaba la Rectoría, pero la renuncia de Saldaña, hace cuatro meses, para buscar la coordinación estatal de Morena dejó pendiente la ceremonia. Ahora decidieron concretarla y convocaron a profesores de distintas regiones de Guerrero, en una demostración de capacidad de movilización que terminó convirtiendo el homenaje en el acto dominante dentro del recinto.

Los motivos del reconocimiento tienen una explicación concreta. Los dirigentes sindicales atribuyen al rectorado de Saldaña conquistas que consideran históricas, entre ellas el establecimiento contractual de 75 días de aguinaldo y la basificación de alrededor de dos mil maestros que permanecían en la indefinición laboral como profesores invitados, sin los derechos correspondientes. Se podrá discutir el papel de cada actor en esos acuerdos y la manera en que se alcanzaron, pero el STAUAG tiene derecho a expresar su agradecimiento a quien considera que contribuyó a resolver demandas largamente planteadas. El homenaje no surgió de una ocurrencia del exrector para rendirse honores a sí mismo, sino de una decisión sindical. Saldaña acudió como invitado y homenajeado, no como organizador.

El error estuvo en creer que dos actividades con necesidades distintas podían compartir el auditorio sin perjudicarse. La oratoria requiere silencio, atención y condiciones para que el jurado y el público escuchen cada intervención; una ceremonia multitudinaria, con zapateado, tambores, aplausos y expresiones de entusiasmo, tiene otra dinámica. La coexistencia resultó inviable y los perjudicados fueron los concursantes, que habían acudido a competir y esperaban que se respetaran las condiciones del certamen. Igor Petit, al advertir que los participantes no podían ser escuchados correctamente, suspendió el concurso y propuso reponerlo en otra fecha, incluso con un aumento del premio. Hasta ese momento, el asunto podía haberse resuelto como un desacierto de organización, con una explicación pública y una nueva convocatoria.

Pero la política tiene la costumbre de convertir los errores en oportunidades, sobre todo cuando aparece en escena alguien que despierta adhesiones y resistencias. A su llegada al auditorio, Saldaña fue increpado por uno de los concursantes, un joven de 17 años que estaba molesto porque la suspensión le impedía disputar el primer premio de 15 mil pesos. En los videos que han circulado, el muchacho señala que lo acompañaba un abogado porque es menor de edad, y este dirige sus cuestionamientos contra el exrector. El enojo del joven es comprensible: se había preparado, tenía una expectativa legítima y vio frustrada su participación. Pero una cosa es reclamar por la cancelación de un concurso y otra atribuir la responsabilidad a quien acudió como invitado a una ceremonia que no organizó y cuya suspensión tampoco decidió.

La escena adquirió mayor carga política por la presencia de personajes que tienen sus propias posiciones en la vida pública guerrerense. Entre quienes habían acudido al certamen y respaldaron su suspensión antes de que llegara Saldaña estaban la diputada de Movimiento Ciudadano Ericka Lhurs Cortés; la legisladora morenista Violeta Martínez Pacheco; el empresario Lloyd Walton, simpatizante de Esthela Damián, y Rogelio Ortega, exgobernador y aspirante recurrente a la Rectoría de la UAGro, cargo que hasta ahora no ha conseguido. Su presencia no prueba que existiera un plan para perjudicar al exrector, pero ayuda a entender por qué el incidente dejó de ser un problema de logística y comenzó a leerse en clave política.

El contexto alimenta las suspicacias. En la contienda interna de Morena por la Coordinación Estatal de Defensa de la Transformación, Beatriz Mojica resultó ganadora, Saldaña quedó en segundo lugar. Después de aquella disputa, la confrontación del exrector con un joven concursante, las críticas de un abogado y la circulación de videos que lo colocan en el centro del conflicto han llevado a algunos a pensar que pudo tratarse de un espectáculo preparado para demeritar su imagen. La hipótesis tiene una lógica política para quienes la sostienen, pero todavía no hay elementos públicos suficientes para presentarla como un hecho demostrado. Las coincidencias pueden despertar preguntas; no sustituyen las pruebas.

Igor Petit, dijo comprender las razones del homenaje y las muestras de alegría de los maestros que acudieron a reconocer la generosidad de su ahora exrector. También planteó realizar el certamen en otra fecha y aumentar el monto del premio. Su postura merece atención porque fue él quien tomó la decisión de suspender el concurso y quien tenía motivos para reclamar por el perjuicio a los participantes. En vez de convertir el homenaje en una agresión contra Controversias o atribuirle a Saldaña la cancelación, propuso una salida práctica. Eso no borra el error ni devuelve a los jóvenes la oportunidad perdida ese día, pero sí pone un límite a la tentación de hacer de cada desacuerdo una conspiración.

La universidad, desde luego, tiene explicaciones pendientes. El director del plantel debe aclarar por qué consideró viable la realización simultánea de ambos actos; el STAUAG pudo prever que una ceremonia con tantos asistentes y discursos requería condiciones que no interfirieran con otras actividades; y los organizadores de Controversias tienen derecho a exigir que la nueva fecha garantice una competencia digna. El homenaje podía realizarse y el concurso también. Lo que falló fue la planeación para que ninguno desplazara al otro.

Hay, además, una ironía difícil de pasar por alto: el auditorio lleva el nombre de Norberto Bobbio, uno de los grandes pensadores de la democracia contemporánea, y terminó siendo escenario de una disputa en la que la palabra de los concursantes quedó ahogada por el ruido de otra ceremonia. En una institución dedicada a los estudios políticos, el episodio debería servir para recordar que la vida pública exige reglas claras, respeto a los participantes y responsabilidad por las decisiones tomadas, no solamente discursos sobre la formación académica.

Así que no culpes a Saldaña por una suspensión que no decidió. No culpes al joven por reclamar una oportunidad perdida. No culpes a la playa, que en esta historia aparece solamente para completar la canción. Hay decisiones concretas que revisar, responsabilidades que deslindar y un certamen que merece realizarse en condiciones adecuadas.

¿Fue un error de organización que se salió de control o alguien aprovechó el tropiezo para ajustar cuentas políticas? Esa es la pregunta que permanece abierta. El STAUAG quiso reconocer a quien considera que contribuyó a conquistas laborales importantes; los estudiantes querían competir; Igor Petit decidió suspender ante la imposibilidad de escucharlos; y Saldaña acudió a recibir una distinción que otros habían preparado en su honor.

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