EL TORO ¿GUARDA LOS CUERNOS?



Por Julio Zenon Flores

Acompañado de sus tres principales alfiles, Joaquín Jacko Badillo, Ricardo Salinas Méndez y Jesús Urióstegui García, el senador Félix Salgado Macedonio cerró sus asambleas populares en Guerrero con una demostración de fuerza que difícilmente puede ser ignorada. Un contingente calculado en unos 50 mil simpatizantes recorrió aproximadamente cuatro kilómetros, desde la Alameda Granados Maldonado hasta la plaza Primer Congreso de Anáhuac, en Chilpancingo. La imagen fue contundente: cuando el penúltimo contingente apenas llegaba a la plaza, Félix ya había terminado un discurso de más de media hora. Y cuando apareció en la plancha, la multitud comenzó a corear: “¡Gobernador!”. El Toro respondió con una señal peculiar: levantó el índice y lo hizo girar en el aire, como quien dice: para la otra.

La escena adquiere mayor significado porque Salgado Macedonio decidió no continuar. Ni Ometepec ni Tlapa, donde ya tenía actividades programadas, tendrán las asambleas que estaban previstas. Su explicación fue clara: a partir de este domingo comienza formalmente el proceso electoral y ahora sí sus actividades pueden ser observadas por el INE y el IEPC. No quiere correr riesgos. No quiere regalar un argumento jurídico. No quiere que una actividad política termine convirtiéndose en un expediente electoral.

Ahí aparece la verdadera pregunta: ¿para qué está cuidando tanto sus derechos políticos Félix Salgado Macedonio? Una interpretación es que todavía mantiene abierta la posibilidad de ser considerado por Morena para la candidatura a gobernador. Otra, más especulativa, es que tampoco quiere cerrar alguna puerta externa. El antecedente existe: en 2024 el PVEM cedió el espacio que le correspondía a Karen Castrejón en la segunda fórmula al Senado para que lo ocupara Salgado Macedonio. Hoy no hay ninguna confirmación de que exista un acuerdo semejante ni de que el PVEM esté contemplando postularlo, pero políticamente sería ingenuo pensar que un personaje con ese nivel de movilización carece de alternativas.

Y aquí conviene mirar lo que ocurre dentro de Morena. Durante semanas, desde algunos círculos de la burocracia se ha pretendido reducir la capacidad de convocatoria del Toro al argumento de que solamente lo acompañan trabajadores de gobierno o personas movilizadas por las estructuras del poder. Pero basta acudir a sus eventos para encontrar una realidad distinta: hay estructura, sí; hay militantes, dirigentes y simpatizantes organizados, también; pero hay además pueblo movilizado y, sobre todo, entusiasmo. Y eso es precisamente lo que una fotografía tomada desde un escritorio no alcanza a medir.

El cierre de los demás aspirantes permite establecer otro contraste. Abelina López Rodríguez terminó sus recorridos con un buen acto en Ometepec, aunque llegó golpeada por el señalamiento de un presunto desfalco cercano a los 300 millones de pesos en las cuentas públicas de 2021 y 2024, acusación que ella respondió señalando que en 2021 todavía no era alcaldesa y que lo correspondiente a 2024 se encuentra en proceso de solventación. Iván Hernández Díaz también tuvo un cierre fuerte, con una asamblea multitudinaria en el centro de Acapulco. Beatriz Mojica optó por una caravana de apoyo de transportistas.

Esthela Damián, en cambio, cerró con una conferencia de prensa en la que presentó como adhesión a José Ojeda, quizá el más veterano y menos conocido de los personajes que se han incorporado a esta contienda. Con él suma dos adhesiones públicas: Ojeda y Genaro Vázquez Flores, regidor que llegó al cargo por el PRI. Ninguno, hasta ahora, ha aportado el peso de una movilización popular propia. Pablo Amílcar Sandoval cerró con una modesta asamblea en una colonia de la zona suburbana de Acapulco. Los demás prácticamente lo hicieron en silencio.

Por eso el mensaje de Chilpancingo tiene dos destinatarios. Uno está afuera: el electorado, al que Félix le mostró que conserva músculo político. El otro está adentro: Morena, que tendrá que valorar si esa fuerza representa un activo electoral o un factor de riesgo. Y Félix, mientras tanto, hace algo que puede parecer contradictorio: después de demostrar que puede llenar cuatro kilómetros de calles, decide desaparecer de los actos públicos justo cuando comienza la etapa en la que esos actos pueden tener consecuencias electorales.

Quizá el Toro ya entendió que, en este momento, la mejor manera de conservar todas sus posibilidades es no hacer nada que pueda quitárselas. No se está pronunciando por nadie, no se compromete a levantarle la mano a ningún ganador, no anuncia su regreso al Senado y tampoco abandona Morena. Dice que el pueblo manda, pero reconoce que el partido tiene reglas. Y cuando le preguntan por su futuro, responde que todavía falta mucho: septiembre, octubre, noviembre y diciembre. Enero será otra historia. Mientras tanto, guarda los cuernos, en tanto sus tres mosqueteros, Jacko, Ricardo y Jesús, se preparan para conquistar dos alcaldías y una diputación local.

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