La sucesión se ganará sumando, no solo encabezando encuestas sino además...

Trasfondo Informativo / Julio Zenon Flores


El próximo 7 de septiembre comenzará formalmente el proceso electoral en Guerrero y, con él, una nueva etapa de la sucesión de 2027. Hasta ahora hemos visto encuestas, posicionamientos, reuniones y movimientos individuales. Lo que viene será distinto: comenzará a medirse quién tiene capacidad para construir una candidatura ganadora y no solamente quién consigue aparecer arriba en una fotografía del momento.

El escenario guerrerense tiene demasiados jugadores con fuerza propia como para reducir la competencia a dos o tres nombres. Abelina López Rodríguez, Beatriz Mojica, Javier Saldaña, Pablo Amílcar Sandovall, Iván Hernández, Estela Damián, Karen Castrejón Trujillo, Guadalupe Eguiluz, Rogelio Ortega y Victoriano Wences Real tienen diferentes fortalezas. Algunos cuentan con territorio; otros, con estructura partidista; algunos tienen relaciones nacionales y otros capacidad de movilización. La diferencia estará en quién consiga poner esas fuerzas al servicio de un mismo proyecto.

Ahí aparecerán alianzas que hoy todavía no son evidentes. Un aspirante con fuerza en Acapulco puede necesitar una estructura regional; un liderazgo de La Montaña puede requerir penetración en la zona urbana; una figura con conexiones nacionales puede necesitar operadores territoriales, y alguien con estructura universitaria tendrá que construir puentes con Morena y sus distintas corrientes. La suma puede terminar siendo más importante que el porcentaje que cada uno tenga por separado.

Por eso, las alianzas por la alcaldía de Acapulco serán una parte fundamental de la sucesión. Quien busque la gubernatura necesitará algo más que una candidatura competitiva en el puerto: necesitará una estructura electoral capaz de disputar el principal centro urbano de Guerrero. Yoloczin Domínguez, Javier Taja, Yoshio Ávila, Joaquín Badillo, Citlali Calixto, Moisés Reyes, Rosario Merlín, David Jiménez Rumbo, Alejandro Carabias y Leticia Lozano*pueden convertirse, dependiendo de cómo se acomoden las fuerzas, en piezas importantes de la negociación estatal.

Lo mismo ocurrirá con las diputaciones federales y locales. Una candidatura a gobernador necesita diputados capaces de movilizar votos en sus distritos y, después, una bancada que le permita gobernar. Por eso la ecuación de 2027 no puede reducirse a una sola boleta: gubernatura, Acapulco, diputaciones federales y Congreso local forman parte de una misma disputa por el poder.

Quien pretenda ganar solamente la gubernatura, pero pierda el resto del tablero, llegará al gobierno con una estructura política mucho más débil. Y quien consiga articular candidaturas competitivas en los principales territorios tendrá una ventaja que ninguna encuesta por sí sola puede medir.

Las próximas semanas serán importantes precisamente por eso. No necesariamente porque vayan a aparecer de inmediato los candidatos definitivos, sino porque comenzaremos a ver quién se acerca a quién, qué grupos se distancian y qué aspirantes son capaces de sumar a quienes inicialmente estaban del lado de sus adversarios.

Hay una regla sencilla para leer lo que viene: quien solamente suma seguidores propios, crece; quien suma seguidores de otros grupos, se vuelve competitivo; y quien consigue que grupos distintos acepten caminar detrás de él, puede convertirse en el candidato a vencer.

Esa será la verdadera prueba de los diez perfiles que hoy tienen posibilidades de competir por la gubernatura.

El 7 de septiembre comienza el proceso electoral del IEPC. Para los aspirantes comienza algo más importante: la hora de demostrar quién tiene corriente, quién tiene estructura y, sobre todo, quién tiene capacidad para construir una mayoría.

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