TRASFONDO INFORMATIVO
Por Julio Zenón Flores
La conferencia ofrecida este jueves por el equipo de
Esthela Damián Peralta, encabezado por Guillermo Portillo, colocó nuevamente la
guerra sucia en el centro de la disputa por la coordinación de los Comités de
Defensa de la Cuarta Transformación en Guerrero, al denunciar una operación
que, según sus propios datos, habría destinado más de un millón de pesos a la
difusión de información falsa, fotografías alteradas mediante inteligencia
artificial y contenidos destinados a relacionar a la aspirante con personajes
del PRI, entre ellos Rubén Figueroa y Manuel Añorve.
Como ejemplo, señalaron al portal de Facebook Éxito
México, al que atribuyeron un gasto de 100 mil pesos en publicidad pagada,
de acuerdo con los registros de la propia plataforma, para difundir contenidos
que buscarían establecer esa relación política, en una estrategia que el equipo
de Damián considera parte de una campaña de desinformación para afectar sus
posibilidades en la encuesta de Morena.
Hasta ahí, podría tratarse de una denuncia más dentro
de una competencia interna cada vez más intensa, pero la conferencia tuvo un
segundo componente que resulta todavía más revelador de lo que está ocurriendo
en esta contienda: el equipo de Esthela Damián tuvo que salir también a
deslindarla de cualquier relación con el exgobernador Ángel Aguirre y, al mismo
tiempo, señaló que el bloqueo realizado un día antes en Acapulco por
transportistas tendría vínculos con Beatriz Mojica.
Es decir, mientras se denunciaba una guerra sucia
proveniente, según esa versión, de intereses externos, desde la misma
conferencia se colocaba sobre la mesa una acusación contra otra de las
aspirantes que aparecen en la parte alta de la competencia.
Y eso cada vez es más dificil de ignorar. Veamos claro:
Un día antes, Beatriz Mojica había hecho exactamente
lo que hizo Esthela Damián este jueves: deslindarse de cualquier relación con
Ángel Aguirre y negar vínculos con el bloqueo de transportistas registrado en
Acapulco, además de denunciar que en su contra se ha desplegado una campaña de
violencia política de género.
Abelina López Rodríguez tampoco ha quedado fuera de
esta dinámica. La alcaldesa de Acapulco ha tenido que responder a señalamientos
que considera falsos, entre ellos la acusación de que habría robado 900
millones de pesos por impedir que la Auditoría Superior del Estado la
fiscalizara, cuando su argumento es que ese órgano carece de facultades para
realizar la auditoría en los términos planteados.
El resultado es una escena política bastante peculiar: todas parecen tener un enemigo común, todas hablan de guerra sucia y todas apuntan, en mayor o menor medida, hacia la derecha o hacia grupos externos interesados en descarrilar a Morena, pero cuando se revisan los hechos de los últimos días, las acusaciones terminan cruzándose entre las propias aspirantes.
Aún es dificil de entender porque en la izquierda existe tanto canibalismo y no se ve que Morena se preocupe por esa situación y, en realidad, deberìa de hacerlo: No porque una competencia interna deba ser tersa o
porque los aspirantes tengan que renunciar a cuestionarse, sino porque hay una
diferencia importante entre confrontar trayectorias, discutir propuestas y
exhibir contradicciones, y otra muy distinta es recurrir a información falsa,
fotografías manipuladas, campañas pagadas para destruir reputaciones o utilizar
conflictos sociales para intentar vincular a una adversaria con grupos
políticos que pueden resultarle incómodos.
Lo más delicado es que los principales blancos de esta
dinámica son las tres mujeres que hoy concentran buena parte de la atención en
la contienda: Beatriz Mojica, Esthela Damián y Abelina López.
Las tres tienen trayectorias diferentes, estructuras
diferentes y formas distintas de hacer política, pero las tres están teniendo
que dedicar una parte creciente de su actividad a defenderse de acusaciones que
consideran falsas, cuando la discusión que debería interesar a Morena es otra:
quién tiene mayor respaldo ciudadano, quién puede construir una mayoría y quién
tiene la capacidad política para encabezar el proyecto de la Cuarta
Transformación en Guerrero en 2027.
La dirigencia nacional de Morena pese a que ya debería intervenir
antes de que esto se convierta en algo más difícil de contener, ha optado por voltear la cara hacia otro lado y está más preocupada en comportarse como una extensión de Presidencia de la república, bajo la conducción de Luisa María Luján, que convirtió laq Consejería Jurìdica en una vocería de desmentidos oficiales.
Si existen evidencias de que se ha gastado más de un
millón de pesos en campañas de desinformación, deben presentarse ante las
instancias correspondientes y revisarse; si existen cuentas que utilizan
inteligencia artificial para fabricar imágenes o contenidos falsos, deben
documentarse; si hay actores políticos detrás de bloqueos o movilizaciones,
también debe acreditarse, porque una acusación política no puede sustituir a
una prueba.
Pero la misma exigencia tiene que aplicarse a todos ya que no puede haber una guerra sucia atribuida a la derecha y, al mismo tiempo, una guerra interna en la que los propios equipos morenistas se acusen unos a otros de tener vínculos con priistas, exgobernadores, transportistas o grupos de presión.
Y menos cuando se trata de un proceso que Morena
pretende presentar como una decisión democrática basada en una encuesta y que corre el riesgo de desacreditarse, como ya ocurrió con las tómbolas que nadie respetó, pues los grupos màs poderosos han avasallado haciendo a un lado a los realmente electos en tómbola.
La encuesta debería medir preferencias, no el resultado de quién tuvo más capacidad para destruir al adversario en redes sociales, porque si los aspirantes y sus equipos permiten que esta dinámica continúe, el problema no terminará cuando se conozca el nombre de quien encabece la coordinación. El ganador tendrá que pedirle a los demás que se sumen, y los demás tendrán que decidir si aceptan un resultado obtenido en medio de una competencia que ya está dejando demasiadas sospechas y demasiadas heridas.
La guerra sucia puede terminar afectando a cualquiera de las tres, pero también puede terminar afectando al propio Morena. Todos pueden seguir diciendo que detrás de los ataques está la derecha, los adversarios de la Cuarta Transformación o intereses externos, pero mientras sigan apareciendo acusaciones entre los propios aspirantes, la pregunta inevitable será otra: ¿quién está realmente alimentando esta guerra?
Y mientras no haya una respuesta con pruebas, lo único
que quedará claro es que, en esta contienda, todos dicen estar defendiendo a
Morena de sus enemigos, mientras algunos de sus principales golpes vienen desde
dentro.

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