Por Julio Zenón Flores
Cuando los aliados desembarcaron en Normandía, en junio de 1944, creyeron que el avance hacia el interior de Francia sería relativamente rápido. Desde los mapas y las fotografías aéreas, los setos que dividían los campos parecían simples cercas rurales, obstáculos menores que podrían superarse en cuestión de horas.
La realidad fue otra.
Al poner pie en tierra descubrieron que aquellos setos eran verdaderas murallas naturales: terraplenes cubiertos de vegetación que ocultaban posiciones enemigas y convertían cada metro de avance en una batalla. Lo que parecía un detalle del paisaje terminó retrasando durante semanas una operación diseñada para avanzar con velocidad.
Algo similar parece estar ocurriéndole a Estela Damián en su ruta hacia la encuesta con la que Morena definirá a quien coordinará los trabajos de la Cuarta Transformación en Guerrero.
Cuando anunció su salida del gabinete de Claudia Sheinbaum, la jugada parecía impecable. Renunciar a una posición privilegiada dentro del círculo presidencial para regresar a Guerrero enviaba un mensaje inequívoco: venía a competir. Más aún, transmitía la idea de que contaba con la confianza suficiente de Palacio Nacional para incorporarse a una contienda donde los demás aspirantes llevaban años construyendo estructura local.
Desde lejos, el camino parecía despejado.
Pero comenzaron a aparecer los setos.
El primero surgió apenas unas horas después de su renuncia. El impacto mediático que debía acompañar su llegada a la escena política guerrerense quedó sepultado bajo una noticia de dimensiones nacionales: la petición de Estados Unidos para la detención con fines de extradición del gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya; del senador Enrique Inzunza; del alcalde de Culiacán y de otros funcionarios y exfuncionarios presuntamente vinculados al Cártel de Sinaloa.
Nadie hablaba de Guerrero.
Nadie hablaba de Estela.
La conversación pública se trasladó a otro escenario y el efecto político de una renuncia cuidadosamente calculada perdió potencia antes de que pudiera capitalizarse.
Luego apareció un segundo seto.
La violencia volvió a colocar a La Montaña de Guerrero en el centro de la atención. Comunidades indígenas bajo presión, denuncias de grupos armados y llamados urgentes de intervención gubernamental. Era un tema que, por trayectoria y experiencia reciente, parecía obligar a una posición de Estela Damián.
No era una aspirante cualquiera.
Venía de desempeñar responsabilidades vinculadas a la seguridad pública y había participado en la construcción de una estrategia de paz para Guerrero antes de abandonar el gobierno federal.
Sin embargo, guardó silencio.
Y en política, pocas cosas pesan tanto como las ausencias. A veces una declaración genera críticas; otras, el silencio genera dudas.
Pero el seto más complicado no parece estar en la agenda mediática ni en la crisis de seguridad.
Está dentro de Morena.
En los últimos días se ha vuelto evidente que la exfuncionaria no termina de ser incorporada al círculo político que hoy domina la conversación interna del partido en Guerrero. La imagen más ilustrativa ocurrió durante la concentración realizada en Chilpancingo para seguir el segundo informe de gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum.
Ahí estuvieron prácticamente todos.
Los aspirantes se tomaron fotografías juntos, compartieron espacio, enviaron mensajes de compañerismo y proyectaron una imagen de unidad. No era casualidad. En Morena las fotografías son mensajes políticos.
Y Estela no apareció en ellas.
La exclusión resultó tan evidente como incómoda.
Porque mientras algunos de sus competidores buscan transmitir la idea de que forman parte del mismo equipo, ella comienza a proyectar una imagen distinta: la de una figura que todavía no encuentra acomodo dentro de las dinámicas locales del movimiento.
Falta mucho para conocer el resultado de la encuesta cuya convocatoria será emitida el próximo 22 de junio. Nadie puede dar por ganada ni perdida una competencia que apenas comienza.
Pero las primeras semanas de Estela Damián fuera del gabinete han dejado una lección política elemental: una cosa es observar el terreno desde la distancia y otra muy distinta recorrerlo.
Los setos de Normandía parecían pequeños desde el aire.
Hasta que los soldados llegaron a ellos.
Y descubrieron que detrás de cada uno había otro

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