Un análisis sobre lo que es la representación en el mundo simbólico de las interacciones sociales.*
En el primer capítulo del libro _Las palabras y las cosas_ (1966), Michel Foucault utiliza la pintura _Las Meninas_ de Diego Velázquez como punto de partida para reflexionar sobre la representación de las cosas, las personas y las situaciones en el mundo de la vida del siglo XVII, sirviendo como un referente para observar sus contenidos y directrices.
Para Foucault, la pintura no es simplemente un episodio de la vida cortesana, sino una escena simbólica.
El cuadro representa el acto mismo de representar, haciendo visibles todos sus componentes estructurales -el pintor, el modelo, el lienzo, los personajes, quienes observan en el espejo el espectador, etc.- pero sin que ninguno de ellos ocupe un lugar definitivo.
Foucault identifica un sistema de miradas cruzadas que desestabiliza toda lectura simple:
-La primera es la del propio pintor Diego Velázquez, que aparece en el cuadro sosteniendo el pincel, pero mirando hacia afuera del lienzo, es decir, hacia un punto exterior.
-La segunda es la de los personajes de la escena -la Infanta, las meninas, el hombre de atrás- que dirigen la vista hacia ese mismo punto exterior.
-La tercera es la del espectador real que contempla el cuadro desde ese preciso lugar hacia el que todos miran.
Este punto exterior es el lugar más enigmático del cuadro: allí están, supuestamente, los reyes Felipe IV y Mariana de Austria, cuyo reflejo aparece en el espejo del fondo. Pero también es el lugar donde se sitúa el espectador. El pintor, el modelo real y quien mira la pintura convergen en un único punto que el cuadro deja vacío.
El espejo al fondo no refleja nada de lo que debería ser visible desde su posición en el espacio físico de la escena. Refleja a los reyes, que son el modelo que Diego Velázquez estaría pintando.
Para Foucault, esto es fundamental: el modelo -el sujeto soberano de la representación- está ausente del cuadro pero es, al mismo tiempo, su origen y su fundamento.
La representación clásica necesita de ese centro que la sostiene, pero no puede mostrarlo directamente sin destruir su propia lógica.
El núcleo filosófico del análisis es que _Las Meninas_ pone al descubierto el modelo oculto del pensamiento clásico: la representación puede representarse a sí misma en su totalidad -el pintor, el cuadro, los modelos, el espectador-, pero el sujeto que la hace posible, aquel que la funda y la contempla, queda afuera.
El lugar del soberano es un lugar vacío e inestable que el espectador ocupa sólo momentáneamente, sin poder fijarse en él.
Con este estudio, Michel Foucault abre su arqueología del saber mostrando que en la época clásica el hombre no era todavía el centro explícito del conocimiento. Solo con la modernidad (finales del siglo XVIII) el "Hombre" emergerá como sujeto y objeto del saber a la vez.
_Las Meninas_ sería, en ese sentido, el último gran cuadro de una época: la representación pura, sin un sujeto humano que la ancle, brillando en su propio juego infinito de espejos y miradas.
*Las Meninas o la Familia de Felipe IV, obra de Diego Velazquez. Se encuentra actualmente en el Museo del Prado, Madrid, España.*
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Los vectores a identificar son:
El sujeto emisor que trata de representar al mundo.
La representación del hacedor y la interpretación de los receptores.
La significación de códigos sociales y la construcción de mensajes cifrados.
La representación de lo representado y asumido como real, que no está en lo observado, sino en los códigos simbólicos que contiene.
La representación que es fijada desde la mente del observador y lo que trata de transmitirse por quien tiene la hegemonía de comunicar masivamente.
La creación de narrativas diversas a partir de un hecho o producto comunicativo.
Atentamente.
Baltasar Hernández Gómez.
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