Por Julio Zenón Flores
Durante más de una década,
Guerrero cargó con el estigma de figurar entre las entidades con mayor número de homicidios del país. Las estadísticas parecían condenadas a repetirse: mes tras mes confirmaban una tendencia difícil de revertir.
Pero los datos más recientes comienzan a dibujar un punto en el que los promotores de la violencia que se veían invencibles comienzan a perder terreno. Veamos por qué decimos esto:
Febrero de 2026 cerró con 52
homicidios dolosos, lo que representa 3.8 por ciento del total nacional y colocó a la entidad en el lugar 13 del país. El dato no es menor. No solo saca a Guerrero del grupo con mayor incidencia, también registra la cifra mensual más baja desde 2009.
Dicho , como dicen los filósofos, en blanco y negro: en 17 años, cuando gobernaba el perredista y filopanista
Zeferino Torreblanca Galindo, elestado no había tenido un febrero con tan pocos asesinatos.
La tendencia se vuelve aún más clara cuando se observa el comportamiento anual. Al comparar enero-febrero de 2025 con enero-febrero de 2026, Guerrero presenta una reducción de 33.2 por ciento en homicidios dolosos, ubicándose en el lugar 14 nacional en disminución de este delito.
Traducido a términos simples: la
violencia letal, la que arrebata la vida sin misericordia, está retrocediendo, y lo hace con una velocidad que no se había visto en años.
¿Cuál es el factor detrás del cambio tan significativo para la población que siempre se ha sentido con "el Jesús en la boca" al salir de sus casas?
Detrás de esta disminución hay un elemento político y operativo que no se puede soslayar: la estrategia de seguridad impulsada por la gobernadora
Evelyn Salgado Pineda, basada en la coordinación permanente con el Gobierno federal.
El modelo ha privilegiado presencia territorial, inteligencia operativa y despliegues conjuntos entre fuerzas federales, estatales y municipales.
Durante años, uno de los reclamos más reiterados en materia de seguridad fue precisamente la falta de articulación entre corporaciones. Hoy la dinámica gira en torno a operativos coordinados, intercambio de información y seguimiento constante en las
mesas de seguridad.
Ubicarse en el lugar 13 nacional significa que Guerrero deja de aparecer entre los estados con mayor número de homicidios, un indicador que durante mucho tiempo definió la percepción de inseguridad en la entidad.
Ahora bien, aunque la reducción no elimina de golpe un problema estructural que se arrastra desde hace años, pero sí rompe una tendencia histórica que parecía inamovible y eso es cambiar la tendencia, y en materia de seguridad es el primer gran triunfo.
Aún así no se debe cantar victoria, el nuevo reto es sostener la caída.
El verdadero desafío ahora será mantener el ritmo durante el resto del año, porque los criminales no son, como decía el periodista Jorge Laurel, la mona de los cerillos; no están mancos, pues. Si la estrategia de coordinación se mantiene y la presión operativa continúa, 2026 podría cerrar como uno de los años con menor incidencia de homicidios en mucho tiempo.
Por hoy, la señal es más que clara y apunta a que cuando hay
coordinación institucional, presencia territorial y
liderazgo político, la violencia puede retroceder.
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