Evelyn Salgado: gobernar entre la presión y la permanencia

 


Por Julio Zenón Flores

El 2025 fue, para Evelyn Salgado Pineda, un año de consolidación política en medio de un entorno adverso. La gobernadora de Guerrero transitó doce meses marcados por la persistencia de la violencia y los esfuerzos por responder cada vez más eficazmente, la exigencia social de resultados inmediatos y la necesidad de sostener gobernabilidad en un estado históricamente complejo, donde cada decisión puede tener un costo político elevado.

Uno de los ejes más visibles de su agenda fue la seguridad pública, un terreno donde los márgenes de maniobra son estrechos y los resultados, difíciles de comunicar. A lo largo del año, el gobierno estatal reforzó la coordinación con instancias federales y mantuvo una narrativa centrada en la atención a las causas estructurales de la violencia. Sin embargo, la percepción ciudadana siguió siendo el principal desafío: en Guerrero, los avances en seguridad no siempre se miden por estadísticas, sino por la experiencia cotidiana de la población.

En el plano social, la administración de Evelyn Salgado sostuvo una política orientada al bienestar, con énfasis en programas de apoyo a sectores vulnerables, comunidades marginadas y regiones históricamente olvidadas. Este enfoque, alineado con la agenda federal, buscó fortalecer la presencia del Estado en territorios donde la ausencia institucional ha sido la norma. No obstante, el reto recurrente fue pasar del anuncio a la cobertura efectiva y sostenida.

El 2025 también estuvo marcado por la reconstrucción y la atención a las consecuencias de fenómenos naturales que golpearon con fuerza al estado en años recientes. Acapulco volvió a ocupar un lugar central en la agenda gubernamental, no solo como destino turístico, sino como símbolo político de resiliencia y recuperación. La gobernadora mantuvo una presencia constante en el puerto, consciente de que su recuperación es, al mismo tiempo, económica, social y simbólica.

En el ámbito institucional, Salgado Pineda priorizó la estabilidad política y la relación con los poderes públicos. La interlocución con el Congreso local permitió avanzar en reformas clave, mientras que su relación con el gobierno federal se mantuvo como uno de los pilares de su administración. Esta cercanía ha sido, a la vez, fortaleza y flanco de crítica, dependiendo del ángulo desde el que se observe.

El estilo personal de gobierno de Evelyn Salgado —más discreto que confrontacional— definió buena parte de su actuación en 2025. En vez del ruido, optó por una narrativa de continuidad, resistencia y presencia territorial. Para sus aliados, esta forma de gobernar aporta estabilidad; para sus críticos, refleja una falta de contundencia frente a los problemas más urgentes.

Al cierre del año, el balance deja una constante: la gobernadora logró sostener el timón en un contexto difícil, evitando crisis mayores y manteniendo gobernabilidad. El desafío hacia adelante no será menor. En Guerrero, gobernar no basta; hay que demostrar, una y otra vez, que el poder sirve para transformar realidades. Y ese, más que cualquier discurso, será el verdadero juicio sobre su administración.

 

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