#Estela Damián, su tío, su frente y…su trasfondo

Por Julio Zenón Flores

Lo que ocurrió tras el cumpleaños número 73 de Pioquinto Damián Huato y su festejo que, lejos de ser una reunión privada, terminó convertido en un acto de definición política con estructura, discurso, liderazgos regionales y narrativa de precampaña, es decir, en un mitin anticipado, disfrazado de fiesta, no fue sino el primer acto de una obra en dos pistas, para intentar sorprender a los incautos.
El segundo acto ocurrió al día siguiente, cuando Esthela Damián Peralta, consejera jurídica de la Presidencia de la República y aspirante evidente a la gubernatura de Guerrero, salió a negar cualquier vínculo con el Frente por la Transformación de Guerrero, la estructura que la arropó en el festejo de su tío y dijo estar concentrada en su encomienda federal y pidió responsabilidad en el quehacer público.
¿Cuántas veces hemos visto eso, en la escuela de la experiencia de la vieja clase política reciclada que aunque cambié de chaqueta vieja se queda? La realidad es que cuando un político mexicano niega, en realidad afirma.
José Luis González Cuevas, un periodista con veteranía en consultoría política, no lo dijo, pero lo dejó correr en su narrativa del mitin festejo de Pioquinto: Lo ocurrido en Chilpancingo no fue improvisación. Fue una treta política cuidadosamente diseñada para abrir públicamente la estructura de Esthela Damián, medir fuerzas, exhibir músculo y enviar un mensaje inequívoco: está en la pelea y tiene con qué.
Mil quinientos asistentes, presidium, oradores, liderazgos regionales, toma de protesta de una coordinadora estatal, discurso de proyecto y consigna de victoria. Eso no se arma sin autorización. Y tampoco se desmonta con un simple post en Facebook.
El deslinde cumple otra función: evadir sanciones del INE por actos anticipados de campaña. La ley obliga a guardar formas; la política obliga a mover fichas. Y Esthela lo sabe. En realidad, se trató de un golpe en la mesa para dejar en claro que su cambio de la subsecretaría de seguridad pública a la consejería jurídica de la presidenta Sheinbaum, no la desactivó.
En la lectura del ejercicio de la sucesión en espacios del poder, primero se construye en tierra y luego se niega en público. Aunque, eso no signifique necesariamente aval presidencial. Lo ocurrido con Ricardo Mejía Berdeja, cercano a AMLO que dejó una subsecretaría para ir a buscar una gubernatura al malinterpretar las señales presidenciales, solo para quedar derrotado y en una triste diputación local, es una experiencia que debería de ser más analizada que contada.
El tablero se reacomoda
Con este movimiento, el tablero político de Guerrero se replantea. Esthela Damián se coloca formalmente en el carril femenino de la sucesión, junto a Beatriz Mojica Morga y Abelina López Rodríguez, en un bloque que empieza a perfilarse como contrapeso al ala masculina que hoy integran Félix Salgado Macedonio, Pablo Amílcar Sandoval, Jacinto González Varona y el rector Javier Saldaña, todos midiendo tiempos, estructuras y lealtades.
Y si bien los mil quinientos convocados por el tío Pioquinto no compiten con los más de 20 mil que reunió Félix Salgado Macedonio el pasado 14 de enero en Los Perritos Felices de Chilpancingo, tampoco son un dato menor. Mucho menos si se sumaran a las estructuras territoriales de Mojica Morga y de Abelina López, para reclamar que Guerrero siga siendo conducido por el género femenino.
Por otra parte, Pioquinto Damián es un operador polémico, con historia, colmillo y cicatrices. Un político que sabe montar escenarios y provocar reacciones. Tal vez demasiado protagónico. Tal vez demasiado frontal, pero su cumpleaños cumplió su función: puso a Esthela Damián en la conversación central de la sucesión.
Y aunque ella haya tenido que fingir un deslinde para cuidar las formas, la política real ya tomó nota. El mensaje quedó claro: Esthela está en la pelea, tiene estructura, tiene padrinos, tiene proyecto y en Guerrero eso cuenta.
Claro que, su casi nula vecindad en suelo guerrerense, la sigue poniendo como alguien externo eso genera en los y las demás aspirantes un sentido de pertenencia localista y, si llegaran a cerrar filas, casi es seguro que no podría cuajar y su intento podría terminar como otros intentos de colonizaje de triste memoria, pero esto último es pura especulación…en dos años pueden suceder aún muchas sorpresas. Nada está escrito.

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