Evelyn Salgado y la política de la audacia


Por Julio Zenón Flores

Decía Séneca que “la audacia es la hija de la esperanza”. En Guerrero, tierra marcada por crisis recurrentes y gobernantes de libreta y escritorio, esa máxima parece encajar en la forma de ejercer el poder de Evelyn Salgado Pineda, quien ha optado por un camino distinto: el de la audacia.

Los hechos recientes en Chilpancingo lo confirman. Tras los episodios violentos que golpearon al transporte público y, con ello, a la vida cotidiana de la capital, la gobernadora no se limitó a coordinar desde la oficina. Se metió de lleno a los operativos, recorrió las calles y supervisó personalmente las acciones para normalizar la ciudad.

Los resultados fueron visibles en pocas horas: el transporte, que estaba prácticamente paralizado, reportó este martes una reactivación del 50% y se prevé que alcance la normalidad total en el transcurso del día. Las escuelas, lejos de cerrar por completo, encontraron maneras de adaptarse, y el comercio se sostuvo, aunque con menos ventas.

Lo interesante no es solo el efecto inmediato, sino la estrategia política que Salgado ha venido construyendo. Recordemos: durante el Tianguis Turístico en Acapulco, cuando colonos bloquearon los accesos para exigir justicia por la desaparición de una menor, la gobernadora acudió en persona, acompañada nada menos que de la fiscal del estado. Y en su relación con los plantones magisteriales de la CETEG, ha repetido el mismo guion: llegar, escuchar y mostrarse frente a frente con quienes protestan.

Esa política de la audacia le ha rendido frutos. En un entorno donde la clase política tradicional evita el roce directo con la protesta social, Salgado ha capitalizado la cercanía y la osadía de aparecer en escenarios de alto riesgo. Y aunque los problemas de inseguridad y violencia no han desaparecido, su estilo le ha permitido destrabar conflictos que parecían destinados a prolongarse y, de paso, mantener un nivel de aprobación popular que sorprende en medio de la tormenta guerrerense.

La pregunta es si esta apuesta seguirá siendo suficiente en un Guerrero donde las tensiones sociales y criminales se multiplican. Por ahora, lo cierto es que Evelyn Salgado ha encontrado un sello propio: gobernar no solo desde el Palacio, sino también desde la calle, aun cuando esa calle esté tomada por la incertidumbre.

En tiempos de crisis, su audacia se convierte en su capital político. Y quizá esa sea la clave que explique por qué, pese a todo, sigue vigente como figura central en el tablero de Guerrero.

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