Por Julio Zenón Flores
Evelyn Salgado Pineda, gobernadora de Guerrero, aparece en
la encuesta de Gobernarte como la segunda mejor evaluada del país, con 61.5
puntos, solo detrás del priista Manolo Jiménez de Coahuila, que fue calificado
con 64.6. El resultado ha generado sorpresa, no solo por la calificación en sí,
sino por la trayectoria de la mandataria: hace apenas cuatro años era vista con
escepticismo al llegar como sustituta de su padre, Félix Salgado Macedonio.
En un estado históricamente conflictivo, semejante a un
caballo bronco, donde mandatarios como Ángel Aguirre Rivero (definido por politólogos
como el “tanque de la política”) y Rubén Figueroa Alcocer (Beneficiario de los
mejores años del poder caciquil priista) fueron tirados de la silla,
literalmente, por la presión social, Evelyn ha logrado mantenerse en sobre el
lomo del corcel.
La clave de su consolidación está en un estilo de gobierno
discreto, sin estridencias, en el cual mucho a tenido que ver el ir acompañada
de una estrategia de comunicación eficaz diseñada por René Posselt, su coordinador
de comunicación social. Es esa narrativa, la que en medio de los brincos
propios de la cabalgata (En el sentido literario del término adjudicado erróneamente
al Quijote de Cervantes) ha permitido construir una imagen de gobernabilidad y
cercanía que la población valida en la mayoría de las encuestas.
El contraste con otros liderazgos femeninos como Delfina
Gómez en el Estado de México o Clara Brugada en la Ciudad de México refuerza la
idea de que Evelyn se ha convertido en un fenómeno político inesperado.
Mientras aquellas enfrentan desgaste, la guerrerense se consolida en la
percepción nacional.
La gran pregunta es si este reconocimiento también refleja los
avances estructurales, como en el turismo y la reconstrucción de Acapulco, la
apertura al diálogo aún con los grupos sociales más acostumbrados a tomar la
calle y, las cifras en torno a los indicadores económicos y del desempleo, o si
se trata principalmente de un logro comunicacional o sí ambos han ido de la
mano. Lo cierto es que, en la política mexicana, percepción y narrativa pesan
tanto como las cifras duras. Y en ese terreno, Evelyn Salgado ha sorprendido a
propios y extraños.

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