Sheinbaum “enchula” Acapulco, pero el reto va más allá del maquillaje urbano


 Sheinbaum “enchula” Acapulco, pero el reto va más allá del maquillaje urbano

Por Julio Zenón Flores

Claudia Sheinbaum Pardo llegó a Acapulco con dos banderas: la inauguración del nuevo hospital de especialidades del ISSSTE y la puesta en marcha de la estrategia Senderos de Paz, rebautizada por ella misma como Senderos para las Mujeres Libres y Seguras, evocando las políticas que aplicó en la Ciudad de México cuando era jefa de Gobierno.

En una ceremonia sencilla en la calle Juan Serrano, a espaldas del tianguis de artesanías El Pueblito, la presidenta de México habló sin rodeos: el objetivo es “enchular” Acapulco, es decir, rehabilitar calles y banquetas, pintar murales, sembrar vegetación y, sobre todo, iluminar las vialidades con tanta potencia que parezca “caminar de día aunque sea de noche”.

El planteamiento tiene un aire festivo, incluso esperanzador: 20 kilómetros de vialidades transformadas en corredores seguros, donde lo estético se combine con la seguridad. Una apuesta que busca al mismo tiempo enviar un mensaje de reconstrucción tras los huracanes Otis y John, y dar a los acapulqueños la sensación de que el Estado regresa, de que hay una presencia que se preocupa por su vida diaria.

En el discurso presidencial hubo también reconocimiento político. Sheinbaum no escatimó elogios para Evelyn Salgado Pineda, a quien llamó “la gran gobernadora que tiene Guerrero”, reforzando la idea de un frente común entre la federación y el estado. Incluso la alcaldesa Abelina López Rodríguez estuvo presente, completando la foto de unidad institucional.

Sin embargo, más allá del optimismo de la narrativa oficial, el reto es mayor. “Enchular” Acapulco no es suficiente si no se atienden de raíz los problemas que vuelven vulnerables a sus ciudadanos: el desorden urbano, la falta de movilidad segura en zonas críticas como la avenida Ruiz Cortines, la violencia cotidiana y la ausencia de servicios públicos básicos.

Iluminar calles y pintar murales puede devolverle algo de dignidad al espacio público, pero si los corredores siguen siendo inseguros por el transporte irregular, el ambulantaje sin control y la falta de vigilancia, el maquillaje terminará diluyéndose en la dura realidad que viven miles de acapulqueños.

El gesto político de Sheinbaum tiene, sin duda, un efecto inmediato: mandar un mensaje de reconstrucción y cercanía. Pero lo que realmente necesita Acapulco es una transformación estructural, que priorice no sólo la imagen turística, sino la vida cotidiana de quienes caminan todos los días entre banquetas rotas y hospitales saturados.

En suma: bienvenidos los Senderos de Paz y la iluminación de las calles. Pero Acapulco no se enchula con murales y lámparas. Se rescata con planeación urbana, con servicios públicos que funcionen, y con políticas que coloquen al ciudadano común —no al turista— en el centro de la transformación.

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