Por Julio Zenón Flores
La política en Acapulco suele ser un péndulo que en cuestión de horas puede pasar del desencanto a la euforia. Así le ocurrió este fin de semana a la alcaldesa Abelina López Rodríguez, quien vivió en carne propia la montaña rusa del ánimo popular en los eventos encabezados por la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo.
El viernes por la tarde, durante la inauguración de la primera etapa del nuevo hospital del ISSSTE, el anuncio de la presencia de la presidenta municipal acapulqueña provocó un episodio incómodo: abucheos, murmullos de desaprobación y un ambiente enrarecido que no pasó desapercibido. El episodio, sin embargo, dejó entre los asistentes y observadores políticos la sospecha de que no fue del todo espontáneo. Se habló de “fuego amigo”, de una operación discreta para incomodar a la alcaldesa y desacreditarla justo frente a la presidenta Claudia. En política, las coincidencias pocas veces son casuales.
Pero un día después, en la bahía de Acapulco, la escena se volteó. En el marco del abanderamiento del Marinabus, símbolo del proyecto de modernización turística, decenas de acapulqueños llegaron con pancartas y gritos de apoyo, coreando “¡Abelina para Guerrero!”. La misma alcaldesa que 24 horas antes había sido blanco de rechazo, ahora era vitoreada y arropada en un ambiente festivo.
El contraste no es menor: mientras el evento institucional del ISSSTE reflejó la tensión política que arrastra la administración municipal —y quizás la mano de sus adversarios internos—, el arranque del Marinabus mostró la capacidad de Abelina de movilizar respaldo popular, sobre todo cuando se trata de proyectos que conectan con el orgullo acapulqueño.
Más allá del júbilo momentáneo, la escena abre un debate sobre el futuro inmediato de la alcaldesa. Su nombre ya aparece en las pancartas como aspirante a la gubernatura de Guerrero, una posición que Morena disputará con fuerza en 2027. El doble episodio de este fin de semana deja claro que la figura de Abelina polariza, pero también concentra atención.
Abucheos y ovaciones son parte del mismo juego político. La pregunta es quién se beneficia y quién se desgasta en este tablero. Por lo pronto, Abelina López ha demostrado que, aun en medio de los ataques, su capital político sigue encontrando cauces para expresarse.

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