Por Julio Zenón Flores
En medio de la incertidumbre económica que aún golpea a varios estados del país, Guerrero sorprende con un dato que no pasa desapercibido: mantiene una de las tasas de desempleo más bajas de México, apenas 1.0 %. Este indicador, lejos de ser casualidad, se ha sostenido con las políticas de impulso económico y laboral que encabeza la gobernadora Evelyn Salgado Pineda.
La lectura va más allá de la cifra. La subocupación —ese fenómeno donde los trabajadores tienen empleo pero insuficiente— se redujo a 5.8 %. Esto significa que cada vez más guerrerenses acceden a jornadas completas, con mayor estabilidad y, sobre todo, con un salario que alcanza un poco más para sostener a las familias.
Otro cambio relevante se observa en las condiciones críticas de ocupación, que bajaron de 37.3 % a 32.9 %. Detrás de este número hay un mensaje político: los ingresos y la calidad de los empleos están mejorando, lo que se traduce en bienestar social y en menos presión para miles de hogares que antes vivían al día.
No obstante, el desafío de la informalidad laboral sigue pesando. Guerrero pasó de 72.6 % a 71.9 %, un descenso mínimo, pero que marca tendencia. La informalidad no desaparece de la noche a la mañana; sin embargo, este pequeño avance refleja que las estrategias de formalización comienzan a tener eco, aunque requieren mayor músculo institucional y, sobre todo, incentivos para empresarios y trabajadores.
Lo que resulta claro es que el empleo, en Guerrero, está avanzando con estabilidad. Estas cifras fortalecen la confianza de que el estado comienza a sentar las bases de un mercado laboral más justo, aún con los retos evidentes en sectores como el agrícola y el pesquero, donde la precariedad se mantiene como regla.
Evelyn Salgado ha insistido en que habrá más inversión, acompañamiento y programas productivos para estos sectores, con la promesa de cerrar brechas y equilibrar las oportunidades. No es un camino fácil, pero la narrativa oficial busca posicionar a Guerrero como un territorio donde el empleo se asocia a la paz social, al crecimiento económico y a la recuperación de la confianza ciudadana.
Guerrero, paso a paso, está cambiando su rostro laboral. La pregunta que queda es si este ritmo será suficiente para consolidar en el corto plazo un mercado de trabajo sólido que detenga la migración, eleve la calidad de vida y reduzca de fondo la informalidad.
Lo cierto es que, al menos hoy, el empleo empieza a dar certezas en un estado acostumbrado a vivir en la cuerda floja.
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