Abelina buscó Guerrero y Leticia encontró Acapulco

Por Julio Zenón Flores / Trasfondo Informativo


Hay una escena de *El príncipe y el mendigo*, de Mark Twain, en la que cambiar de lugar termina revelando algo que los personajes no sabían de sí mismos. En Acapulco acaba de ocurrir algo parecido, aunque aquí no hubo disfraces ni palacios intercambiados: Abelina López Rodríguez salió a buscar Guerrero y Leticia Lozano Zavala terminó encontrando Acapulco.

La ausencia de la alcaldesa titular, dedicada durante varias semanas a recorrer el estado en busca de la encuesta de Morena que definiría a la coordinadora estatal de la 4T, abrió una circunstancia que parecía meramente administrativa. Leticia, como suplente, debía cubrir el despacho. Nada más. Pero el interinato terminó produciendo un efecto político inesperado: la suplente asumió la responsabilidad de gobernar y comenzó a ejercer el cargo con una autonomía ejecutiva que no había tenido oportunidad de mostrar desde la Secretaría General.

Y no solamente por sentarse en la silla, ya que en estos días se recompuso la interlocución con el gobierno estatal, una relación indispensable para Acapulco y que había atravesado momentos de evidente distancia. En las mesas de coordinación para la construcción de la paz, Leticia mostró un rostro más firme y ejecutivo. Y cuando las inundaciones volvieron a poner en evidencia los problemas de infraestructura de la calle Juan de la Cosa, la respuesta municipal no se quedó en el diagnóstico: se tomaron decisiones para atender el punto y evitar que una obra mal resuelta siguiera agravando las inundaciones en una de las zonas turísticas más importantes del puerto.

Luego vino otro dato que pesa más que diez boletines: los sectores empresariales y laborales comenzaron a sentirse escuchados nuevamente por el Ayuntamiento. Se redujo la tensión, se recuperó interlocución y aparecieron señales de una relación menos confrontada con quienes todos los días padecen o sostienen la ciudad.

Y quizá ahí estuvo la verdadera sorpresa, puesto que Leticia Lozano ya había ocupado la Secretaría General del Ayuntamiento. Conocía los mecanismos, los funcionarios, los problemas y hasta los pasillos. Lo que no había tenido era lo que durante estas semanas le dio la presidencia municipal: capacidad directa de decisión y el reflector sobre sus propias decisiones.

Bajo ese reflector apareció un rostro ejecutivo que hasta entonces no había tenido el mismo espacio.

Mientras eso ocurría, Abelina hacía campaña por todo Guerrero para conseguir una candidatura que finalmente no llegó. Beatriz Mojica Morga ganó la encuesta de Morena y se convirtió en la coordinadora estatal de la 4T, dejando a Abelina fuera de esa carrera.

La ironía política es evidente: mientras la alcaldesa titular intentaba ampliar su territorio político hacia todo el estado, su suplente terminó ampliando el suyo dentro de Acapulco.

Y aquí aparece un dato que merece atención. Desde el regreso del estado a la competencia electoral democrática, Acapulco ha sido una plataforma política importante, pero la alcaldía no ha producido una larga lista de gobernadores. De los alcaldes porteños que han buscado la gubernatura en este siglo, la excepción que llegó al Palacio de Gobierno fue Zeferino Torreblanca Galindo, quien ganó la elección de 2005. El resto de los intentos no llegaron a concretarse.

Por eso quizá haya que mirar la jugada de Leticia desde otro ángulo. No necesariamente como quien busca, por ahora, salir de Acapulco para conquistar Guerrero, sino como quien puede estar comenzando a construir su propia ruta para quedarse en Acapulco, pero esta vez por elección popular.

Después de estas semanas, su nombre vuelve a la mesa con un argumento que no se construyó solamente en reuniones políticas, sino en el ejercicio cotidiano del gobierno.

No porque unos cuantos días al frente del Ayuntamiento conviertan automáticamente a alguien en candidata. Mucho menos porque esté decidido quién competirá. Pero sí porque la política tiene una regla elemental: los cargos sirven para demostrar lo que uno puede hacer, y las oportunidades suelen aparecer cuando menos se esperan.

Leticia tuvo una. Y la aprovechó. A Leticia Lozano le dieron las llaves mientras Abelina salió a buscar otra puerta. Y ocurrió algo que quizá nadie tenía previsto: la que se fue a buscar Guerrero terminó perdiendo la encuesta; la que se quedó a cuidar Acapulco ganó visibilidad política al demostrar que sabe ejercer la presidencia municipal.

Ahora Abelina regresa al Ayuntamiento y Leticia deja el despacho y ese es precisamente el punto: El interinato termina, y se abre la puerta en automático para luchar por ser la próxima coordinadora de Morena en Acapulco. ¿Acaso no está bien planeado?

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