Por Julio Zenón Flores
Lo que ocurre hoy en Morena y sus partidos aliados en Guerrero recuerda inevitablemente a Game of Thrones, la célebre saga donde, una vez que el trono queda a la vista, las alianzas se vuelven temporales, los respaldos adquieren un valor estratégico y cada aspirante intenta demostrar que posee la legitimidad, la fuerza o la historia suficiente para gobernar el reino.
El segundo día de registros para coordinar los trabajos de
la alianza Morena-PVEM-PT en Guerrero —posición que en los hechos conduce a la
candidatura a gobernador de 2027— mostró precisamente eso: una larga fila de
personajes convencidos de que ha llegado su momento.
Entre todos los nombres, la senadora Beatriz Mojica Morga
apareció como una de las figuras centrales de la jornada. Su inscripción ocurre
después de meses de trabajo político, de recorrer el estado y de consolidar
respaldos en diversos sectores sociales, particularmente entre organizaciones
campesinas y grupos vinculados históricamente a la izquierda guerrerense.
Otro que llama la atención es Javier Saldaña Almazán. Su
registro remoto fue acompañado por familiares de Genaro Vázquez, Lucio Cabañas,
víctimas de la guerra sucia y representantes de luchas sociales históricas, por
lo que más que una inscripción administrativa, fue una muestra de la
vinculación de su proyecto con una parte importante de la memoria política de
Guerrero y las deudas con la sangre derramada reciente.
Ahí estuvo Esthela Damián Peralta, exconsejera jurídica de
la presidenta Claudia Sheinbaum, obligada a rechazar públicamente la versión de
que fuera la candidata predilecta de Palacio Nacional. En un proceso donde el
fantasma del favoritismo siempre aparece, Damián respondió reclamando
objetividad y exigiendo que todos los aspirantes sean medidos con el mismo
rasero.
También llegó Karen Castrejón Trujillo, senadora y dirigente
destacada del Partido Verde, acompañada por toda una corte política integrada
por Manuel Velasco, Carlos Puente, Arturo Escobar y Raúl Bolaños. Una imagen
cuidadosamente construida para enviar un mensaje inequívoco: el Verde quiere
jugar en serio y está dispuesto a mostrar músculo nacional.
Mientras tanto, Pablo Amílcar Sandoval planteó uno de los
temas más delicados de la contienda al respaldar la revisión de posibles
vínculos entre aspirantes y grupos criminales. No es para menos en un estado
donde la seguridad será inevitablemente uno de los principales criterios de
evaluación ciudadana.
En ese terreno apareció también Rogelio Ortega Martínez,
quien reivindicó su experiencia como gobernador interino durante la crisis de
Ayotzinapa y aseguró saber cómo pacificar Guerrero. Su discurso apela a la
memoria de uno de los momentos más difíciles en la historia reciente de la
entidad y presenta la experiencia como un activo político.
Iván Hernández Díaz, delegado de los programas del
Bienestar, desactivó las críticas sobre una eventual ventaja derivada de su
cargo, señalando que más importante que el puesto es la manera en que se
ejerció, recorriendo comunidades y municipios durante años.
En la escena apareció Abelina López Rodríguez, alcaldesa de
Acapulco, quien llegó tras superar las controversias que le han endilgado en
los últimos meses.
Como en toda gran saga, tampoco faltaron los veteranos. José
Ojeda Guerrero, con 86 años, quien llegó apoyado para completar su registro y
retó que "Todavía toreo", en una frase que bien podría resumir el
espíritu de una generación que se resiste a abandonar la arena política y se
niega a abrir espacios a las nuevas generaciones.
La lista es todavía más amplia: Marcial Rodríguez, Aidé
Ibarez, Alberto López Rosas, Rubén Cayetano, Genaro Vázquez Flores, Zeferino
Gómez, Victoriano Wences, Guadalupe Eguiluz y otros aspirantes completan un
mosaico donde conviven exgobernadores, alcaldes, legisladores, funcionarios
federales, dirigentes partidistas y viejos cuadros de la izquierda.
Por eso la comparación con Game of Thrones no resulta
exagerada. Todos aseguran tener la mejor historia, los mejores méritos o
aliados y afirman representar la continuidad del proyecto gobernante. Todos
dicen poder conducir a Guerrero, aunque algunos de ellos ya han demostrado que
no pudieron con una responsabilidad menor o que no ganan ni en sus colonias o
comisarías o, peor aún, llevan décadas de vivir fuera de la entidad, a la cual
en realidad, ya no conocen.
La diferencia es que aquí no habrá dragones ni batallas
medievales ni princesas hermosas, sino encuestas, que por cierto, no inspiran
ninguna confianza, pues dejan muchos huecos para que la subjetividad de la
dirigencia nacional siempre tenga la sartén por el mango y pueda, al final,
determinar al ganador o ganadora que ellos quieran, por encima de lo que la
gente diga en la calle.
Como ya quedó demostrado en procesos anteriores, no gana
quien más escándalos hace, ni quien más espectaculares compra, ni tampoco quien
llega rodeado de más acompañantes. Al final, el verdadero Trono de Hierro
guerrerense no se conquista en los registros, sino en la capacidad de convencer
a una cúpula cada vez más exigente de lealtades y a una dirigencia nacional que
busca evitar fracturas y que tiene un ojo puesto en la mayoría calificada del
congreso, más que en las gubernaturas, y el otro, en la sucesión presidencial del
2030.
Por lo pronto, la corte ya está reunida. Los aspirantes
ocuparon sus lugares. La competencia, que incluye las lisonjas más originales y
alargadas comenzó con una frase que inclina los dados al ser dicha desde la
conferencia mañanera presidencial: los estados más obradoristas del país (Léase
Guerrero, Sinaloa, Zacatecas), debieran postular mujeres. Pero déjenme decirles
que apenas estamos viendo el primer capítulo de la temporada.

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