Morena 2027: continuidad o ruptura, la verdadera encrucijada de Guerrero


Por Julio Zenón Flores

En Guerrero, la sucesión de 2027 no debiera verse solamente como una disputa por género, nombres, grupos o candidaturas. Debería ser, en esencia, una definición de proyecto: continuidad con ajuste de fondo o ruptura con una ruta política que, con claroscuros, ha colocado a Morena frente a una decisión estratégica de alto calibre.
Aunque en esta etapa, dentro de Morena, no se puede hablar de proyectos, sino fundamentalmente, de consultar entre la población los nombres de quienes aspiran, para una evaluación inicial de prestigio, cercanía, positivos y negativos, y de capacidad operativa propia, la realidad es que la parte consciente de la sociedad, a diferencia de la reserva silenciosa de votantes acríticos que votarían hasta por una vaca siempre y cuando sea postulada por ese partido, da muestras de una preocupación puntual por incidir en el resultado de la encuesta.
Esa parte consciente y crítica de la sociedad, hoy tiene claro que el próximo gobierno muy probablemente se defina a partir de las normas que regirán esa encuesta y que se darán a conocer, si es que no hubiera cambios, el próximo 22 de junio y, hoy discute si lo que le conviene más al estado es alguien que de continuidad al gobierno actual, o si debe romper con éste y ser encabezado por alguien de fuera del círculo estatal que hasta hoy ha construido a Morena.
Y es que más allá de las pasiones internas, la realidad es que la mayoría de quienes hoy han levantado la mano dentro del morenismo no están planteando una demolición del actual gobierno de Evelyn Salgado Pineda. Por el contrario, en mayor o menor medida, avalan una gestión que logró consolidar indicadores políticamente valiosos en un estado históricamente marcado por la confrontación, la crisis institucional y la ingobernabilidad.
Evelyn no construyó su posición nacional desde el escándalo ni desde la polarización. Su mayor activo ha sido, precisamente, el ejercicio de un gobierno sin pasiones partidistas, sin guerra permanente y con una relación funcional con la Federación, particularmente con Claudia Sheinbaum. Esa fórmula le permitió a Guerrero avanzar en áreas donde antes predominaban inercias de abandono: protección a las mujeres, reposicionamiento turístico, infraestructura carretera y estabilidad política.
No es menor que una gobernadora de Guerrero haya logrado instalarse entre los mandatarios mejor evaluados del país. Y en una entidad donde gobernar suele equivaler a sobrevivir, la estabilidad también cuenta como resultado.
Sin embargo, continuidad no puede significar repetición. Si el partido opta por un perfil que represente el segundo piso del evelynismo, tendría que asumir que los pendientes ya no admiten administración, sino transformación estructural. Guerrero necesita pasar de la contención a la expansión económica.
La regulación de la minería es uno de esos temas ineludibles. No basta con permitir extracción mientras la riqueza sale y los territorios permanecen pobres. El siguiente gobierno tendría que empujar un nuevo pacto para que la explotación minera tribute localmente y genere desarrollo tangible en las comunidades.
Lo mismo ocurre con el campo. Guerrero no puede seguir siendo solamente productor primario mientras otros industrializan, empaquetan y capitalizan su riqueza agrícola y ganadera. La industrialización regional ya no debería ser discurso de campaña, sino política de supervivencia económica.
Y quizá el mayor desafío: romper la dependencia casi absoluta del turismo como motor principal. Acapulco, Ixtapa-Zihuatanejo y Taxco seguirán siendo ejes fundamentales, pero Guerrero necesita polos alternativos de desarrollo, corredores logísticos, agroindustria, inversión energética, repotenciar el uso de la terminal marítima y la recuperación territorial de zonas productivas hoy asediadas por grupos criminales, entre otros temas urgentes. La continuidad, entonces, tendría sentido sólo si implica profundización, no complacencia.
Pero dentro de Morena también comienzan a asomarse, aunque todavía con cautela, al menos un par de aspirantes que parecen apostar más a la ruptura que a la consolidación; perfiles que, en su narrativa, se acercan más a la lógica de deslinde y contraste que tradicionalmente ha usado la oposición para intentar crecer. Su cálculo parece claro: marcar distancia del actual gobierno para construir identidad propia.
El riesgo de esa apuesta es evidente. Cuando la ruptura se convierte en estrategia anticipada, Morena corre el peligro de abrir fisuras internas innecesarias y reproducir el viejo patrón de la política guerrerense: destruir lo anterior para justificar lo nuevo, aunque eso implique perder coordinación, estabilidad y consensos locales y, con ellos regresar a los tiempos en que lo fundamental era apagar fuegos sociales en las regiones.
Porque una cosa es corregir pendientes, y otra muy distinta dinamitar activos políticos. Morena deberá decidir si apuesta por alguien capaz de preservar la coordinación federal que Evelyn ha sabido construir —una ventaja política nada despreciable en tiempos de centralización presupuestal— así como un consenso que hace viable la gobernanza, o si se arriesga a una ruptura interna que, en nombre de la renovación, pueda fracturar la relación estratégica regional y nacional.
Claudia Sheinbaum y Evelyn Salgado han mostrado que la alineación política puede traducirse en gobernabilidad y gestión. En tiempos donde muchos confunden confrontación con liderazgo, esa dupla ofrece una lección distinta: cooperación para consolidar poder institucional. Atraer recursos al estado, pero a la vez, tener viabilidad estatal para hacerlos fructificar.
Pero en política, toda continuidad mal entendida corre el riesgo de convertirse en estancamiento. Por eso, el 2027 para Morena no debería ser una elección entre lealtades personales, sino entre visión corta o proyecto de largo plazo. Guerrero necesita continuidad, sí, pero una continuidad que se atreva a corregir, a ampliar y a romper inercias donde todavía persisten rezagos.
No debiera tratarse de elegir entre Evelyn o anti-Evelyn sino de decidir si Guerrero construirá sobre lo avanzado… o si, por cálculos de ruptura, volverá a empezar desde cero

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