A un mes de la desaparición de la estudiante de Derecho Raquel Martínez Lázaro, su madre denunció que la Fiscalía General del Estado de Guerrero no ha considerado elementos que considera clave para el avance de las investigaciones.
Guerrero se mantiene entre las primeras diez entidades del país con más casos de mujeres jóvenes desaparecidas y no localizadas en los últimos años, y las estudiantes universitarias forman parte de esta estadística.
La tarde del 27 de enero, Raquel, de 22 años, acudió al CBTIS 134, en Chilpancingo, para reinscribir a su hermano menor, con quien vivía en unos cuartos rentados al poniente de la ciudad.
De acuerdo con lo que relató su madre, Celia Martínez, alrededor de las 16:00 horas la joven le informó por teléfono que se dirigía de regreso al domicilio.
Ese fue el último contacto que tuvo la familia con ella.
Según la madre, hasta el momento las autoridades no han solicitado los videos de las cámaras de Seguridad Pública ubicadas en la zona escolar, lo que permitiría establecer cómo iba vestida y si salió sola del plantel.
La desaparición comenzó a evidenciarse al día siguiente, cuando el hermano de Raquel llamó a su madre para informarle que no había regresado al domicilio.
El adolescente, quien estudia en turno vespertino, también comentó que le había prestado dinero y que no tenía recursos para trasladarse a la escuela.
La mañana del 28 de enero, el menor recibió dos mensajes desde el número telefónico de Raquel.
En el primero, enviado a las 9:36 horas, se leía: "Voy a andar fuera unos tres meses, no me escribas. Dile a mamá, no voy a estar, cuando venga les escribo, adiós, estaré bien. Estoy donde quiero estar".
Seis minutos después llegó otro mensaje: "No le cuentes nada a mamá, ya le aviso yo".
Celia Martínez señaló que los mensajes no coinciden con la forma habitual en que su hija se comunicaba con la familia, pues entre ellas utilizan la palabra "mami" para referirse unas a otras.
El 29 de enero, la madre comenzó a contactar a amistades y conocidos de su hija para que intentaran comunicarse con ella, pero el teléfono ya no estaba disponible. Fue hasta ese día que el hermano le informó sobre los mensajes recibidos.
El 30 de enero, Celia viajó desde Acayahualco, comunidad del municipio de Tepecoacuilco, en la zona Norte del estado, donde actualmente reside la familia, para presentar la denuncia formal por la desaparición o no localización ante la Fiscalía estatal.
A un mes de los hechos, la familia exige que se agoten todas las líneas de investigación y que se incorporen a la carpeta los elementos que consideran fundamentales para dar con el paradero de la joven estudiante de la Universidad Autónoma de Guerrero.
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