Acapulco después del sismo 6.5 grados Richter del 2 de enero de 2026.*


Por Baltasar Hernández Gómez.

Después del movimiento telúrico -medido técnicamente en 6.5 grados Richter- que se sintió de 8.9, las y los acapulqueños mantienen una especie de estado de alerta, un temor a las constantes réplicas, que fomentan en el imaginario colectivo una sensación de zozobra.

No es para menos, dos minutos antes de las 8 de la mañana del 2 de enero/2026, un fuerte sismo sacudió los cimientos de edificaciones y viviendas, recordando eventos pasados que dañaron significativamente ciudades hermanas y la confianza de millones de personas, que creen que el futuro es siempre una consecución natural, la cual tiene que ser esperado para entonces empezar a vivir bien.

Después de un clamor profundo de la tierra, que parece a un susurro seco en los tímpanos, el temblor movió cuerpos, edificios, casas y voluntades, siendo recordatorio de que el presente es lo único seguro por vivir con certeza y convicción.

Ante segundos que parecieron eternidad, el meneo sísmico produjo miedo, que no paralizó, pues la gran mayoría de personas tomó la decisión de ser solidaria, retomando la humanidad que persiste más allá de los avances tecnológicos.

Caminando hacia afuera de casas, edificios y lugares públicos, con un miedo que erizaba la piel, mujeres y hombres de todas edades hicieron uso de sus capacidades para ponerse en contacto y ayudar en la medida de lo posible a familiares, amigos, vecinos y compañeros de trabajo, de los cuales no se sabía nada por estar un tiempo incomunicados y sin electricidad.

Aunque han pasado dos días de este evento, el temor sigue, pero ahora hay más sentido de precaución, que alienta a estar preparados y a no generar confusiones y mucho menos complicaciones por falsas alarmas y notas que tratan de pronosticar otros eventos desastrosos, cuando lo único cierto es que los sismos, entre otras muchas situaciones de la vida, son impredecibles.

Mientras se retoma la calma, me permito compartirles una serie de fotografías, extraidas de diferentes sitios de la internet, mediante las cuales se aprecia el esplendor natural y urbanístico de Acapulco.

Vaya mi reconocimiento a los fotógrafos que hacen posible captar la belleza de Acapulco, que en algunos casos se muestra la autoría al pie de cada una de ellas.

Atentamente.

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