*Por Julio Zenón Flores*
El escenario no pudo ser otro: el Teatro Sentimientos de la Nación, ese recinto que, como diría cualquier cronista escolar, evoca la gesta insurgente y los ecos de Morelos dictando principios republicanos. Pero en Guerrero, donde la solemnidad suele disfrazarse de acarreo, este informe fue distinto: sin camiones de clientela política, sin cierre de calles o música de viento y sin la parafernalia de los tiempos en que los informes eran procesiones cívicas con matracas.
Fue un acto discretísimo. La gobernadora Evelyn Salgado Pineda, de apenas 43 años de edad, en su aniversario del cuarto año de gobierno, eligió la austeridad como mensaje no verbal, y la pluralidad como escenografía humana. Ahí estaban los cuatro senadores guerrerenses, juntos y revueltos: Beatriz Mojica y Félix Salgado Macedonio de Morena; Manuel Añorve Baños del PRI, al que no abuchearon (detalle histórico digno de acta notarial); y Karen Castrejón Trujillo del PVEM. El milagro de la cortesía política se consumó cuando el priista fue aplaudido como si Guerrero ensayara una república sin encono, al menos por una tarde.
* El performance político
La lista de invitados fue un mosaico de alianzas posibles y pleitos momentáneamente pospuestos: el gobernador de Puebla, Alejandro Armenta, que horas después se le vio en Acapulco como turista político de fin de semana; Arturo Martínez Núñez, desde la dirigencia nacional de Morena; el consejero Galdino Nava, aspirante a la dirigencia estatal del partido guinda; y en el otro extremo, los opositores orgánicos con presencia escénica: Alejandro Bravo Abarca por el PRI, Alejandro Carabias por el PVEM y, destacadamente Jesús Urióstegui García de la Jucopo.
No faltaron empresarios —el dueño de Autofin y Forum Mundo Imperial, más los jefes de Canaco Servytur Acapulco , Canirac, Canacintra y Coparmex— y la tropa sindical: SUSPEG, SNTE, CTM, en esa liturgia donde la representación corporativa sustituye a la ciudadanía. Entre las butacas, alcaldes, incluida la de Acapulco, Abelina López Rodríguez, con quien se decía había frialdad y que, en cambio, recibió y dio un reconocimiento público, prueba de que la política también se alimenta de reconciliaciones en horario estelar.
* Los aplausos contados
El ritual tuvo su propia métrica: **tres aplausos para Félix Salgado**, como senador, como padre y como símbolo; uno para Mojica, con respeto paritario; uno inesperado y sin silbidos para Añorve. La democracia de los aplausos, como siempre, fue la radiografía de las simpatías y de los futuros cálculos.
Pero el informe tuvo también sus gestos íntimos: las tres menciones a "mi amor", dirigidas a un hombre en segunda fila, que en la segunda mención se puso de pie como actor secundario de una obra personalísima; las menciones a la madre, doña María de Jesús Pineda, y a las hermanas Celeste, Liz, María Soledad y Sol, la familia como coro testimonial.
* El telón cultural
El atuendo sobrio, el discurso preciso y los audiovisuales eficaces fueron acompañados por el performance más logrado: el Himno Guerrerense en que se ha convertido "Por los caminos del sur" interpretado por la Orquesta Filarmónica de Acapulco, la joya cultural del estado. Allí, la solemnidad se vistió de cultura y la cultura de política.
La representación de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo recayó en Sebastián Ramírez Mendoza, director de Fonatur, quien trajo consigo la legitimidad de haber trabajado de cerca con ella en la capital del país. Mensaje claro: el respaldo federal no se delega a cualquiera. Más claro aún: la Federación no le apuesta a la seguridad, pues no mandó a Omar García Harfuch; ni a la gobernabilidad política, pues no vino Rosa Isela Rodríguez; ni a los grandes polos de desarrollo pues no mandó a Marcelo Ebrard; no a la Salud, pues tampoco vimos a David Kershenobich, sino a la consolidación del sector turístico, con el nuevo enfoque social y a las bondades del CIP, Marinabus incluido. Buena noticia para Acapulco, para Guerrero no tanto.
En resumen: un informe con tono sobrio, sin acarreados, con pluralidad escenográfica y con la liturgia emocional de los aplausos contados y los "mi amor" multiplicados. Un informe que más que rendir cuentas buscó escenificar que Guerrero también puede hacer política sin gritos ni matracas, aunque con guiños de complicidad familiar y política que Monsivais hubiera registrado como "la crónica sentimental del poder en versión guerrerense".
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