Ante las obras de Fonatur en Acapulco , el Ayuntamiento ¿Mirón de palo?


Por Julio Zenón Flores

La inversión de los primeros 250 millones de pesos ( De un total de 1800 mdp comprometidos en el programa Acapulco se transforma contigo) anunciada por el Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur) para la rehabilitación urbana de cinco kilómetros de la costera Miguel Alemán, del parque Papagayo a la unión con la Escénica, representa una oportunidad histórica para repensar uno de los tramos más emblemáticos —y también más caóticos— del puerto de Acapulco.

El proyecto contempla, principalmente, la rehabilitación de banquetas, lo cual implica un giro de enfoque hacia el peatón, una figura olvidada por décadas en el modelo de movilidad acapulqueño, dominado por el automóvil, las rutas irregulares del transporte público, y más recientemente, por la anarquía del uso de motocicletas.

Es loable que la inversión federal tenga esa intención de ordenamiento urbano con prioridad al tránsito peatonal. Sin embargo, si el Ayuntamiento de Acapulco se limita a ser un mirón de palo en esta intervención —como ya ha ocurrido en otras obras federales—, corremos el riesgo de que la obra quede a medio camino entre el embellecimiento y la funcionalidad real.

Porque sí, es una obra federal. Pero la autoridad en el territorio sigue siendo municipal. Y eso implica responsabilidad compartida.

¿Y la movilidad sostenible?

El rediseño de la Costera no debe quedarse en la sustitución de losas y jardineras. Esta es una ventana para impulsar verdaderas políticas de movilidad sostenible, como la integración de ciclovías seguras y bien señalizadas. Hoy, Acapulco carece de una infraestructura mínima para los ciclistas, quienes se juegan la vida entre coches, camiones y motos sin control.

También debe aprovecharse para abordar de raíz el problema de la invasión del espacio público por motocicletas, muchas de ellas sin regulación, que utilizan banquetas como vías alternas, y que estacionan sin criterio en cualquier esquina.

El reordenamiento del estacionamiento a lo largo del corredor, así como la colocación de parabuses funcionales y seguros, deben formar parte del proyecto integral. Y, por supuesto, el Ayuntamiento debe establecer límites de velocidad claros y hacerlos cumplir, algo que hoy no ocurre en una avenida donde la velocidad promedio varía entre la prisa del turismo y el caos del transporte.

Comercio ambulante: la eterna omisión

Otro tema crucial es el del comercio en vía pública, que si bien representa un sustento para cientos de familias, también ha crecido sin control en banquetas y accesos. El reordenamiento no debe convertirse en una cacería, pero tampoco puede seguir la política del "dejar hacer, dejar pasar" que solo profundiza el desorden.

Coordinación o desperdicio

Fonatur y Conagua están haciendo su parte. Pero no se puede delegar el alma urbana de Acapulco a una dependencia federal, cuando el día a día de los acapulqueños y turistas se rige por normas municipales. El Cabildo, la Dirección de Movilidad, la de Vía Pública, la Policía Vial y otras instancias tienen que involucrarse de forma activa, técnica y estratégica.

Porque de nada sirve una inversión millonaria si en seis meses vuelven los mismos problemas: banquetas invadidas, ciclistas sin espacio, transporte caótico y comercio sin orden.

Esta es una oportunidad de oro para que el gobierno municipal demuestre capacidad de gestión, visión de ciudad y compromiso con el bien común. Y sobre todo, para que Acapulco comience a dejar atrás esa vieja costumbre de improvisar con lo que llega, en lugar de planear con lo que necesita.

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