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Cerro de Piedra, primera comunidad certificada como saludable en Acapulco



“Cultivo una rosa blanca en junio como en enero, para el amigo sincero que me da su mano franca” José Martí

Por Julio Zenón Flores Salgado

Muy temprano se barrió el patio con destellos de piedras de río, del centro de salud de esta comunidad rural de Acapulco ubicada a unos 30 kilómetros al sur del paraíso turístico.

Algunos habitantes llegaron, portando chalecos color caqui, cubrebocas y caretas de plástico transparente, y se sentaron en las sillas colocadas a la sombra de los tamarindos y mangos del patio, mientras el personal de salud iba llegando con cierto alborozo.

El bullicio semejaba a lo lejos como un enjambre de abejas que se fue formando en torno a una mesa con mantel blanco y encima de ella un florero, donde predominaban las rosas blancas, recordando inevitablemente al poeta cubano José Martí y no sólo por la rosa, sino por el trabajo comunitario inspirado en el modelo cubano, como oportunamente confirmó la directora municipal de salud, Roxana Tapia Carbajal, que permitió, después de una montaña de trámites legales y papeleo, certificar a Cerro de Piedra como una comunidad saludable.

Son apenas unos mil 400 habitantes, la mayoría mujeres, de entre los cuales hay más de un 15 por ciento en el analfabetismo, un 20 por ciento que vive en hogares de piso de tierra; más del 95 por ciento deben lavar a mano su ropa, cero por ciento tienen computadoras, aunque un 80 por ciento de ellos tiene su aparato televisor, pero entre todos han dado muestras de trabajar unidos en torno a su centro de salud.

Hasta hace poco en esas instalaciones no había insumos, faltaba personal, habría de vez en cuando, pero desde principios de año para acá, por instrucciones de la alcaldesa Adela Román Ocampo, se inició el trámite para lograr su certificación saludable, luego de hacer limpieza a fondo, pintar sus fachadas, conseguir los insumos que estaban atorados en alguna oficina burocrática y, sobre todo, organizar a la comunidad en agentes de salud, a través de la promotora municipal Jaquelin Gallardo, una entusiasta mujer que no pudo estar presente en la ceremonia de hoy, ni oler las rosas blancas que se pusieran en la mesa de honor, porque cayó enferma.

De todos modo estuvo presente, porque todos los oradores la mencionaron, como el motorcito que movió voluntades, con el apoyo de la directora de salud, y que conformó un equipo de 19 agentes de salud que vigilarán que en ese pueblo no haya enfermedades prevenibles.

“Yo voy a las casas y reúno a la gente, y les explico que deben de lavarse las manos con frecuencia, no debe haber cacharros que acumulen agua, que tampoco haya basura”, dice con orgullo don Pablo Nava, uno de los agentes de salud, quien se ha hecho a un lado el cubre boca y se esfuerza en levantar un poco la cabeza para que su voz salga clara de debajo de la careta transparente que le lleva puesta sobre una gorra blanca.

“Les digo que me capacitaron los doctores, para que no piensen que, como soy una persona ya grande, son ocurrencias mías”, aduce mientras con su dedo índice se señala la canosa sien derecha de su arrugado rostro. “Y si lo fueran (ocurrencias mías) pues mejor todavía, porque yo he vivido aquí toda la vida, yo quiero que mi familia y mis vecinos no se enfermen… yo ya aprendí de la vida”, enfatiza.

La directora de Salud municipal, la doctora Roxana, se ha puesto su bata blanca y mira para todos lados con enormes ojos oscuros.

Esta es la primera comunidad saludable que se certifica, eso quiere decir que se han tenido que unir esfuerzos de los tres niveles de gobierno, pero no hubiera sido posible sin el trabajo de campo de la promotora Jaquelin, y el personal del centro de salud, así como la participación del pueblo. Ahora el gobierno del estado dice que va a certificar otras tres comunidades: Cacahuatepec, Huamuchitos y Ejido Nuevo, pero no es tan fácil, hay que cumplir muchos requisitos, espero que lo logren, dice orgullosa, después de descorrer la cortinilla que develó la placa alusiva a la entrada del centro de salud.

Aquí no hay COVID-19, coinciden ella y don Pablo. Solo hubo dos casos sospechosos de contagio, no más. Ninguna defunción, y ahora vamos a prevenir muchas otras enfermedades. “Yo lo he dicho desde el principio: la base de todo, de la salud pública, está en la prevención…”, explica de nuevo la funcionaria municipal después de que el representante estatal, de la jurisdicción 07 ha dicho unas palabras, develado la placa, entregado la certificación, y se ha ido rápidamente de la comunidad.

Es raro ver el entusiasmo de la gente, la participación comunitaria, cuando es algo que se ha ido perdiendo con el tiempo, le decimos, a lo que ella responde que en la zona rural aún persiste.

-Me recuerda los primeros años de la revolución cubana- le digo.

-De hecho, si está inspirada en el modelo cubano. Llegó a México desde 1969 y el programa de certificación se ha llamado de diferentes maneras, pero se sigue el modelo, como el moderno Insabi, nos instruye Roxana Tapia, antes de subirnos al vehículo que nos traerá de regreso a la zona urbana de Acapulco.

-Ya tengo la entrada de mi nota, le digo a mi compañero reportero, mientras pienso en esas paredes limpias y blancas, en esas sonrisas entusiasmadas de la gente inscribiéndose como agentes de salud y en las rosas blancas que pusieron en la mesa de honor. José Martí me la ha inspirado, pienso, y repito lo que fue como su himno: “Cultivo una rosa blanca, en junio como en enero, para el amigo sincero que me da su mano franca”.

   






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Portal editado por JULIO ZENÓN FLORES SALGADO.- Periodista y escritor. Licenciado en ciencias de la comunicación, maestrante en Ciencia Política y diplomado en MKT digital; Columnista en La Jornada Guerrero, Enfoque informativo y en Redes del Sur. www.facebook.com/trasfondoinformativo, Escríbenos a zenon71@hotmail y suscríbete en el canal de youtube trasfondo informativo

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