Expulsión y defensa tricolor

LECTURA POLÍTICA
Noé Mondragón Norato

Las diferencias son abismales. Porque mientras al exgobernador priísta de Chihuahua, César Duarte Jáquez, el PRI nacional decidió expulsarlo de ese partido desde el pasado 25 de enero, el exdirigente nacional y coordinador de la bancada tricolor en la cámara de diputados, René Juárez Cisneros, demanda no hacer "linchamientos apresurados" contra el reelecto dirigente del sindicato petrolero, Carlos Romero Deschamps, envuelto en la polémica del huachicol. Y de otras tantas que están por brotarle. Hay que ir por partes.
PRI: CON LOS DEDOS EN LA PUERTA. – En el PRI quieren mandar señales en el sentido de que también están atacando la corrupción. Nada más que lo hacen selectivamente. Es decir, a los que no salpicaron, terminaron enriqueciéndose y amasando fortunas individuales, los expulsan. Y a los que le han invertido a las campañas electorales en el pasado, los protegen. Necesariamente y por una simple cuestión de valores entendidos. Se lee así: 1.- Más de mil 200 millones de pesos fue el monto de lo sustraído indebidamente de las arcas públicas del estado de Chihuahua. Peculado criminal. Y desde marzo de 2017, un juez libró orden de aprehensión contra el exgobernador priísta César Duarte Jáquez. Apenas cinco meses después de haber concluido su periodo de gobierno, en octubre de 2016. Dejó en las arcas estatales 21 millones de pesos que resultaban insuficientes para operar todo el aparato de gobierno, de acuerdo con la denuncia del gobernador panista entrante en aquella entidad, Javier Corral Jurado, quien reveló un déficit heredado por el priísta estimado en 7 mil millones de pesos. Desde 2017, el entonces presidente Enrique Peña Nieto, no pudo detenerlo. O no quiso hacerlo. César Duarte es prófugo de la justicia por ese delito y se encuentra refugiado presumiblemente, en los Estados Unidos. De haber ganado la elección presidencial el PRI y su excandidato José Antonio Meade el pasado 1 de julio, la suerte política de César Duarte sería otra. Impensable incluso, que el PRI lo expulsara como militante de ese partido. Pero con las evidencias ahogándolos y con un presidente opositor despachando en Palacio Nacional, a los dirigentes tricolores no les quedó otra opción. Se quedaron atrapados con los dedos en la puerta. Porque Duarte -como otros exgobernadores de ese partido-, es el emblema de la corrupción a gran escala. 2.- Carlos Romero Deschamps, es un político de la vieja guardia tricolor. Un dinosaurio legítimo de la era mesozoica. Es, además, un representante químicamente puro del salinismo, pues arribó como líder máximo del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM) en 1989, como consecuencia de la venganza política instrumentada justamente por el expresidente Carlos Salinas de Gortari, contra el exdirigente de ese sindicato, Joaquín Hernández Galicia, La Quina, quien había tendido sus apuestas de poder a favor del entonces candidato a la presidencia por el Frente Democrático Nacional (FDN), Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano. Y financió presumiblemente, el libro "Un Asesino en Palacio", donde se relata el episodio cuando siendo niño, Carlos Salinas, su hermano Raúl y un amigo de ellos asesinaron con un rifle calibre 22, a su sirvienta Manuela. Romero Deschamps se ha reelegido en cuatro ocasiones consecutivas al frente del STPRM -estaría al frente del mismo hasta 2024- que coinciden con las gestiones presidenciales de Ernesto Zedillo, los panistas Vicente Fox y Felipe Calderón, y el ampliamente cuestionado Peña Nieto. Fue acusado de financiar con mil 500 millones de pesos la campaña presidencial del candidato tricolor Francisco Labastida Ochoa, en la elección del 2 de julio del 2000, que perdió frente al panista y neopriista Vicente Fox. También, de enriquecimiento ilícito a costa de la paraestatal Pemex. Hoy, la gestión de AMLO le endosa el delito de robo de combustible. Hay señales negativas en su contra. Pero en el PRI -a diferencia de César Duarte-, lo defienden. Porque le ha invertido a ese partido. Ahí no habrá expulsión, sino cierre de filas a su favor. ¿Así entendieron la aplastante lección del pasado 1 de julio los dirigentes tricolores?
HOJEADAS DE PÁGINAS…Acosado por los tiempos, la reducción de sus parcelas y por la nostalgia del poder, el exgobernador Ángel Aguirre Rivero, le atizó al fogón político deslizando la posibilidad de una eventual alianza partidista entre PRI y PRD para la elección de gobernador de 2021. Como si a esos partidos de verdad, el electorado guerrerense les debiera mucho. Y los votantes estuvieran deseando su regreso al poder estatal. El exgobernador debe poner los pies en la tierra.

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