TIEMPO DE CANALLAS

TIEMPO DE CANALLAS

Por JULIO ZENÓN FLORES SALGADO

La frase “Tiempo de canallas” pronunciada por el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador, el 26 de diciembre del año pasado, al referirse a sus críticos que lo relacionaban, o al menos a su gobierno, a su partido el Morena, o a militantes de éste en Puebla, de manera indirecta, a través de editoriales o con memes en las redes sociales, con la muerte de la gobernadora poblana Erika Alonso y su esposo el coordinador de la fracción panista en el Senado y ex precandidato presidencial Rafael Moreno Valle, nos remitió, a quienes gustamos de la lectura, de inmediato a la obra autobiográfica de la norteamericana Lillian Hellman, publicada en los años 80 por el Fondo de Cultura Económica (FCE), Tiempo de canallas.
El contexto y la forma en que AMLO pronunció la frase casi no dejaba duda de que era una referencia a esa obra, que en lo personal yo había leído por aquella época en que apareció en versión de bolsillo y en que era sumamente peligroso simpatizar con el comunismo o las actividades de izquierda, particularmente en Estados Unidos, pero en realidad en todo América Latina, que los gringos consideraban como su patio trasero y donde llevaban a cabo labores de espionaje y hasta derrocaban gobiernos, ante cualquier sospecha.
¿Qué es Tiempo de canallas?, la obra se refiere a que en 1952 la escritora Liilian Hellman fue llamada a declarar sobre sus actividades supuestamente anti-norte- americanas ante el comité del Congreso encargado de defender el norteamericanismo, acusada de simpatizar con ideas de izquierda y por vínculos con la Unión Soviética.
Eran los tiempos de la preponderancia de Joseph McCarthy, senador republicano de 1947 a 1957 por Wisconsin. El y su equipo se hicieron famosos por sus investigaciones a personas en el gobierno de EU y a todo sospechoso de ser agente soviético o simpatizantes del comunismo.
En esa época cientos de escritores, actores y personajes relevantes, fueron inscritos en una lista negra, aun cuando no fueran de izquierda, por una simple sospecha y para salvarse, muchos de ellos se volvían delatores, acusaban a su compañeros o vecinos de izquierdistas o pro soviéticos y sobre ellos se iba la fuerza del estado norteamericano marginándolos de contratos, encarcelándolos y hasta obligándolos a irse del país.
Todo mundo era sospechoso en ese Tiempo de canallas, que describe en su caso Llillian Hellman.
Al respecto el escritor y periodista Federico Campbell escribió en 1980:
Luego de coordinarse con su abogado, Lillian Hellman (que había sido citada a comparecer al comité de asuntos antinorteamericanos) propuso en una carta un trato a los senadores: estaba dispuesta a decir de sí misma todo lo que quisieran, pero no iba a mencionar ni a inculpar a nadie Si no aceptaban su proposición, se acogería a la quinta enmienda de la Constitución (por la que un ciudadano puede negarse a declarar) No eran tiempos fáciles Se podía caer en la cárcel por tener ideas socialistas o por haber militado en la izquierda La clase media entera señalaba con dedito admonitorio a los “traidores” Agarraba vuelo la guerra fría en el mundo.
Recientemente el escritor y editor Joél Hernández escribió en El sol de México del pasado 6 de enero un artículo que cierra magistralmente con los siguientes párrafos:
(Lillian Hellman) en “Tiempo de Canallas” escribe:
“Los radicales suelen ser buenos para el odio, porque saben cómo concentrarlo. El odio ideológico es más frío, pero también es más difuso: está hecho de largas listas y de largos recuerdos, de venganzas impersonales, de una paciente voracidad…” (cit. p. 38)
Salió ilesa de las acusaciones y mantuvo siempre la dignidad en una etapa de la historia de Estados Unidos: en la ‘larga noche de terror en la que los canallas mandaban en Estados Unidos’…
“Herir a personas inocentes a las que conozco y quiero desde hace años para salvar mi vida, me parece inhumano, indecente y deshonroso”.
Los párrafos con que cierra su artículo Joel Hernández son bastante certeros para describir el ambiente al que se refirió el presidente López Obrador, en los días que siguieron a la muerte de los destacados panistas...pero sólo hasta que la guerra contra el huachicol (declarada por AMLO tres días después del “accidente” en que murió la pareja poblana, ocupó toda la tinta y las pantallas de los noticieros estelares, borrando del debate nacional las sospechas sobre la pérdida de estos dos destacados militantes panistas, que además, en esos días también empezaron a ser señalados como huachicoleros.
Termino diciendo que efectivamente, se viven Tiempos de canallas en México y todo mundo debe cuidar con quien se junta, con quien platica, a quien critica, aunque ahora no es el gobierno el que llama a comparecer, sino el amorfo jurado popular de las redes sociales, el que acusa, persigue, juzga y condena.

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