A 30 años de la muerte de Salvador Dalí, el surrealista que pudo cambiar a Acapulco


Según Dalí en el mundo había tres líneas que partían de la pirámide de Egipto: una de ellas, la del divertimento y el placer, tenía como centro a Acapulco.


Por JULIO ZENÓN FLORES SALGADO


Salvador Dalí i Domènech, artista español que adoptó desde su juventud el francés como su idioma propio, cumple este miércoles 23 de enero de 2019, 30 años de haber fallecido, sin que se viera aterrizado su proyecto de la construcción de un bar surrealistas en Acapulco, en donde dejó huella en la escultura de uno de sus seguidores que permanece olvidada en el hotel El Presidente.
Para hablar de Dalí hay que vencer primero la dificultad de saber por donde empezar, pues su corte indudablemente surrealista fue cuestionada por André Breton, líder del grupo de los surrealistas europeos en su periodo de mayor desarrollo.
Por lo cual el autor recurrió al recurso fácil de empezar por lo más próximo al lector como manda el periodismo clásico: Dali y Acapulco.
Hay una leyenda que apunta que el pintor, escultor grabador, escenógrafo y escritor español del siglo XX, contemporáneo de Luis Buñuel, con quien tramó la grabación de una pretensiosa película, estuvo hospedado en el hotel El Presidente que, según esa leyenda, era el mejor de los años 50, aunque en su biografía autorizada no hay ninguna referencia a este puerto.
Hay una referencia en el periódico Reforma en una edición de 2014, que hace referencia al escritor Enrique Cornejo, peruano, político y economista, señalando que según él el artista Dalí se hospedó en ese hotel de La Condesa y como producto de esa estadía ideó un bar surrealista (11 de agosto de 2014), donde la articulista asegura que Dalí nunca conoció Acapulco ni ninguna ciudad de México y que su acercamiento al hotel El Presidente se debió a que éste era parte de la cadena Saint Regis, con sede en Nueva York, donde los dueños tuvieron relación con el español.
En relación al proyectado bar en la zona de La Condesa acapulqueña, el diario Reforma publicó entonces:
"En un lugar así, nadie podría aburrirse.
Para acceder, los visitantes tendrían que subir unas escaleras que circularían alrededor de un nautilus gigante, que a la vez formaban el tracto digestivo del animal.
La diversión sería en las entrañas de un erizo de mar con patas de mosca a 15 metros del suelo.
De la decoración, destacaba el rojo de los asientos, que respirarían como si estuvieran vivos.
Los ceniceros descansarían sobre los caparazones de las tortugas que circularían libremente por el club. En el baño, los espejos contendrían hormigas vivas que caminarían por dentro, y los lavabos tendrían forma de un rostro barbado, de cuya lengua se despediría perfume.
Y si fuera su día de suerte, a los visitantes les tocaría presenciar cuando un grupo de jirafas jalara el erizo, como si fuera un carruaje, hacia el mar, lanzando fuego por sus lomos de piedra, hasta sumergir sus largas patas dentro del agua y dejar al bar flotando.
Si lo quisieran, podrían nadar en las aguas del Pacífico mexicano: Acapulco.
Era todo como en un sueño que tenía la firma de Salvador Dalí.
La oportunidad para crear una fórmula contra el aburrimiento le llegó a Dalí en 1957.
El Dalínait, o Dalínoche, como lo llamó, fue un proyecto de club nocturno que diseñó para la playa de El Presidente, en Acapulco.
Los dueños del St. Regis, César Balsa y Javier Arias, anunciaban la comisión del genio de Figueras para el hotel acapulqueño, también de su propiedad, que abriría a finales de 1957.


Para nadie es un secreto la ascendencia mística de Dali que tenía una teoría según la cual el mundo se dividía en tres secciones, tomando como punto de partida las Pirámides de Egipto. Había una línea tecnológica que imperaba en el planeta y que pasaba por Nueva York, una línea mística, que atravesaba su ciudad natal, Figueras, y una línea del divertimento y el placer, que tenía su centro en Acapulco, lo cual también fue citado por el Reforma, en aquel artículo.
“Los Amantes” de Mathias Goeritz, de corte surrealista, que aún sobrevive en el hotel Presidente, sería la única pieza que tendría al menos una relación teórica con la deslumbrante locura artística de Salvador Dali y su avasallante amor por Gala.
La escultura artística más importante de arte contemporáneo que hay en Acapulco es la de Los Amantes realizada por Mathias Goeritz –quien es también el creador de las Torres de Satélite de la Ciudad de México- , está pieza artística fue hecha en 1950.
Salvador Dalí nació en Figueres el 11 de mayo de 1904 y murió ahí mismo el 23 de enero de 1989. Hoy es el aniversario número 30 de su fallecimiento.
Sólo baste recordar que pese a su genialidad fue expulsado de la academía de Bellas Artes de París, así como del movimiento surrealista que encabezaba Bretón.
Un grande, que nunca debe ser olvidado. Yo me declaro un enamorado de Dalí.


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