BAJO FUEGO: Pacificación 2

Sep/10/2018.

  José Antonio Rivera Rosales


  En febrero de 2016 esta columna propuso la instauración de la pena capital para castigar crímenes atroces, como parte de un mecanismo determinante para arrancar el mal de raíz que constituye la violencia nuestra de cada día.

  Para entonces se habían producido en Guerrero 22 mil 155 asesinatos oficialmente reconocidos según un diagnóstico de la Fundación Open Society, una estimación que abarcaría los años 2005 a 2015.

  Desde luego, a estas alturas de 2018 tenemos un número agregado mucho mayor de muertes de violentas, muchísimas de ellas de personas inocentes -ancianos, mujeres y niños incluidos-.

  ¿Qué es lo que hace falta para que el gobierno mexicano, que a partir del día primero de diciembre próximo estará encabezado por Andrés Manuel López Obrador, tome decisiones contundentes para terminar con las bandas criminales que mantienen sumidas en el terror amplios territorios del país, no se diga el estado de Guerrero?

  Desde luego que el próximo gobierno está llevando a cabo una amplia consulta para explorar la posibilidad de utilizar la amnistía como mecanismo de pacificación. Tiene todo el derecho y la facultad para hacerlo. Pero desde aquí le decimos que esos mecanismos de conciliación y perdón no van a funcionar, ni para reconciliar al país ni, mucho menos, para pacificarlo.

  Ya lo dijimos en la entrega anterior y aquí lo ratificamos: esa es una propuesta tan ingenua que linda con la estupidez.

  Lo que hace falta es la aplicación dura de la ley, si es posible acompañada con la pena capital para que los delincuentes -incluidos los de cuello blanco, que tienen almacenados millonadas en sus cuentas bancarias- comiencen a temblar.

  Para el efecto debe impulsarse -como ya dio la muestra el Congreso local de Guerrero- la legalización y regulación de la amapola como parte de un catálogo de medidas que permitan arrebatar el negocio ilegal a las mafias del narcotráfico. Si se legaliza la amapola se les acaba el negocio.

  Pero aún esa medida tendría efectos limitados de índole regional dado que esa droga es parte de la amplia y compleja tipología de crímenes de la delincuencia organizada. Hacen falta, pues, muchas medidas más, algunas de las cuales ya las presentamos en la entrega anterior. Permita el lector reproducir algunas reflexiones de la entrega de febrero de 2016 que, hoy más que nunca, cobran plena vigencia y necesidad:

  "Aunque se escuche descabellado, habrá que considerar la pena de muerte en la agenda de la discusión pública.

  "Muchas buenas conciencias seguramente se horrorizarán ante tal propuesta. Y tienen absolutamente la razón. Otros dirán que se trata de un paso involutivo en el proceso histórico. Y sí, lo es. Pero a veces hay que volver el rostro al pasado para buscar salidas al presente, que se vislumbra cada vez más espeluznante. Otros más dirán que no se ha demostrado que la pena de muerte tenga un efecto disuasivo en el combate al crimen. Eso estaría sujeto a discusión.

  "De acuerdo con información de Amnistía Internacional (AI), un total de 58 países del mundo aplican la pena de muerte para sancionar crímenes comunes, en tanto otros siete la aplican para penalizar crímenes excepcionales. Otros 35 países, entre ellos México, tienen la pena capital en su legislación, pero no la aplican.

  "En América son varios países los que aplican la pena de muerte, entre ellos los Estados Unidos y Cuba -las antípodas ideológicas-, además de los vecinos Guatemala y Belice, sin contar con una lista substancial que incluye a Barbados, Bahamas, Antigua, Guinea, Jamaica, Santa Lucía y Trinidad y Tobago, entre otras naciones caribeñas y sudamericanas.

  "Son Arabia Saudita -esa monarquía vetusta-, China, Estados Unidos, Irán e Irak los países que más aplican la pena de muerte para sancionar todo tipo de crímenes, además de que en el pasado reciente se reanudaron las ejecuciones en India, Pakistán, Japón y Gambia.

  "En el caso de México, la pena de muerte está contemplada en el artículo 22 de la Carta Magna que sanciona la traición a la patria, el parricidio, al incendiario, al plagiario, al salteador de caminos, al pirata y al homicidio cuando se comete con premeditación, alevosía y ventaja.

  "Como lo dijimos, la pena capital en México no se ha aplicado de manera oficial como cumplimiento de una resolución judicial, pero hay innumerables testimonios de ejecuciones extrajudiciales que se han perpetrado para proteger intereses de la élite o del estado. Sólo recordemos los tiempos de la guerra sucia.

  "¿Qué es lo que habrá que discutir en el turno de la sociedad mexicana? Pues en qué casos sería meritoria la pena capital.

  "Habrá que considerar la pena de muerte para sancionar crímenes excepcionales, como son los casos de secuestros en los que la víctima invariablemente es torturada y asesinada; en los casos de infanticidio, los homicidios cometidos con las tres agravantes de ley pero, además, donde haya mediado tortura; para penalizar los casos graves de corrupción, especialmente donde hayan intervenido servidores públicos y, por supuesto, los casos de enriquecimiento inexplicable de funcionarios de gobierno.

  "¿Que la pena de muerte no corrige nada? Claro que no: el objetivo es sancionar los crímenes excepcionales especialmente para proteger al resto de la sociedad. Para qué queremos miles de delincuentes en prisión, donde los alimentamos de por vida, si además ya no alcanzan las prisiones que, adicionalmente, están convertidas en verdaderas universidades del crimen -sin contar con que los penales están en la ruta de convertirse en bombas de tiempo-.

  "Así, habrá que aplicar la pena de muerte a los asesinos recurrentes, a los plagiarios, a los torturadores, a los infanticidas y a los servidores públicos corruptos.

  "¿Que no disuade a nadie de cometer crímenes? Bueno, eso está por verse. Pero sin duda muchos lo meditarán dos veces antes de pensar en atacar, lastimar o asesinar a personas inocentes".

  Hasta aquí la cita. Queda al arbitrio de los millones de mexicanos agraviados por la violencia y el cobro de piso valorar si se le propone tal medida -drástica, sí, pero necesaria- al nuevo gobierno para terminar de una vez por todas con los maleantes que asuelan a la sociedad mexicana.

  A grandes males…

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