¡Jálalo que es pargo! ¿Por qué el PRD?



Por Jacko Badillo

Haber participado como candidato a la presidencia municipal de Acapulco por segunda ocasión, indudablemente me dejó nuevas enseñanzas, y una de ellas es que no te puedes confiar de nadie, mucho menos de quienes te hablan bonito al oído, te llenan de elogios y te expresan una lealtad supuestamente inquebrantable. Son, de hecho, de quienes más debes desconfiar.

También me permitió conocer personas valiosas en los tres partidos políticos que integraron la coalición Por Guerrero al Frente, gente que vale mucho, que tiene mucha capacidad, pero que en el camino te vas dando cuenta que muy pocas veces ese valor y esa capacidad son aprovechados. Se pasan la vida esperando una oportunidad que nunca llega.

Por eso valoro mucho el hecho de que el Partido de la Revolución Democrática haya decidido abrirme las puertas para contender internamente y ganarme a pulso la candidatura, por medio de una encuesta, más allá de la oposición natural que mostraron algunos liderazgos que se sintieron desplazados por el “intruso” que no hizo más que apegarse a lo que marcan los propios estatutos partidistas en cuanto a las candidaturas externas, como alguien emanado netamente de la sociedad civil, de extracción empresarial, espíritu de lucha y firme creyente de los postulados de izquierda.

Tanto valor le he dado a esa oportunidad, que cuando el presidente del comité municipal del PRD en Acapulco, Wulfrano Salgado Romero, aún antes de que se definiera la candidatura interna, me “condicionó” de que ganara o perdiera permanecería dentro del partido como militante, de inmediato acepté. Desde ese momento, sin lugar a dudas, me pinté de amarillo.

Lo demás fue cuestión de trámite, requisito al momento del registro de la candidatura ante la instancia electoral, la afiliación partidista que cumplí al pie de la letra, pues a esas alturas yo ya me sentía tan perredista como quienes han dado hasta su vida por el partido.

Concluido el proceso electoral y con los resultados de todos conocidos, considero que asumir una actitud pasiva, y peor aún, mantenerme en el ostracismo político, hablaría de Jacko Badillo como un personaje oportunista y electorero, y quienes me conocen saben que no lo soy. Y como tengo bien claro que si decidí incorporarme a un partido no era sólo para simular, pero además congruente con mi personalidad de imponerme grandes retos, es que decidí en pleno uso de mis derechos como militante buscar la dirigencia partidista.

Como es obvio, esta aspiración será mal vista por aquellos que siempre han utilizado al PRD para sus fines personales o de grupo, de tribu como les llaman. Habrá oposición de esos “líderes” acostumbrados a lucrar con las siglas, a enriquecerse a costillas de los cargos que logran gracias a este instituto político que ha sido forjado con el esfuerzo de esos que valen mucho, que tienen capacidad pero que nunca son tomados en cuenta. 

Es por ellos, por esos militantes valiosos, que llevan al partido en el corazón y en la sangre, por quienes he decidido buscar la dirigencia del PRD. Por esos hombres y mujeres que conocí en las colonias, en los barrios, en las calles, en las comunidades; por esos perredistas de hueso colorado, con quienes me he identificado por su lealtad, su congruencia y su decencia.
¿Cómo puede aspirar a dirigir el partido alguien que en la elección pasada operó para que perdiera y ganara otro que le garantizaba impunidad? ¿Con qué cara querría yo ser dirigente de un partido al que traicioné?. La lealtad no se dice, se demuestra.

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