El Angel caído

El Ángel caído

Miguel Ángel Arrieta

Las frecuentes apariciones del ex gobernador Ángel Heladio Aguirre Rivero en redes sociales y publicitándose en fotografías con el candidato Joaquín Jacko Badillo, tiene un mensaje cruzado: por un lado exponen la pobreza de liderazgos en el PRD y por el otro exalta la aguda desmemoria que envuelve a los guerrerenses en periodos electorales.

En todo caso, en la práctica más que representar un factor de convocatoria que fortalezca al perredismo menguado, lo que ha conseguido el ex mandatario es confundir y dividir a lo que queda del sol azteca.

El problema para el aguirrismo es que en lugar de asimilarse como el resurgimiento de una corriente política respetable, el tweeteo persistente de Aguirre Rivero es percibido socialmente como ocurrencias de un personaje trasnochado por los excesos.

Y es que desde su reaparición para buscar la candidatura a diputado federal por el octavo distrito electoral, Ángel Heladio se apartó de toda línea estratégica en manejo de imagen con la convicción de que su solo nombre se traducía en una especie de "ábrete sésamo" para lograr su objetivo.

Después de todo, no hace muchos años la referencia del ex gobernador imponía autoridad y agregaba simpatías, pero una serie de acontecimientos modificó radicalmente el escenario político en el que se desplazaba y lo colocó en zona de pago de facturas por los abusos de poder y los errores acumulados.

De ahí que el candidato de Por México al Frente, Ricardo Anaya, decidió separar a la coalición de la figura aguirrista, lo que orilló al ex mandatario a renunciar a su pretensión de regresar al tablero de ajedrez como legislador federal. Hay sumas que restan, le dijeron a Ángel Heladio desde la estructura que controla la alianza PAN-PRD-MC, y ni sus socios, los chuchos, tuvieron capacidad de maniobra para apoyarlo.

Lo grave para el perredismo local es que no existe un personaje capaz de hacer contrapeso a Heladio, ante la serie de favores económicos y privilegios políticos de los que disfrutaron en su administración, y le han concedido un liderazgo de facto entintado en aires revanchistas que le motivan a definir: "para presidente de México mi apoyo es para Andrés Manuel López Obrador, pero en lo local todo mi respaldo es para el PRD".

Por lo pronto, esa declaración metió en una ruta sin sentido a los propios perredistas: mientras la dirigencia del sol azteca y sus candidatos hacen intensa campaña a favor de Ricardo Anaya en toda la geografía guerrerense, papalayo avanza en sentido contrario.

En este escenario, un balance inmediato sobre el significado del regreso de Aguirre arroja tres datos fundamentales para definir la ubicación de su líder.

1.- Independientemente de si tiene o no responsabilidad en los hechos que enmarcaron la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, lo que el ex gobernador no ha sabido explicar son los factores que llevaron al sobrecalentamiento que registraron en términos de inseguridad amplias zonas de Guerrero durante su mandato.

Si en política la percepción es casi todo, los guerrerenses aún se mantienen expectantes sobre los argumentos que ilustren porque Ángel Aguirre tuvo que abandonar el cargo en circunstancias oprobiosas y dejó un gobierno con oficinas incendiadas, vandalismo desencadenado en el saqueo a tiendas de autoservicio, bloqueo de carreteras e incontenible trasiego de enervantes.

2.- El escándalo político que representó la frivolidad con que operaba el gobierno aguirrista, tuvo su mejor expresión en aquel capítulo durante el cual el entonces gobernador disfrutaba de los placeres del whiskey y el tequila enmarcado por música de mariachi, mientras la tragedia derivada del huracán Manuel se desplomaba sobre poblaciones desprotegidas en toda la entidad.

Al final de cuentas, lo peor de esa actuación es que al día siguiente ante la urgencia para sesionar del Consejo Estatal de Protección Civil, el gobernador en su carácter de presidente de dicho organismo nunca llegó por los efectos del desvelo y la cruda y la reunión tuvo que ser presidida por su sobrino y mano derecha en el poder, Ernesto Aguirre.

3.- Mientras que el principio ideológico del PRD establece "Democracia ya Patria para todos", el microcosmos de control aguirrista se apega más a un estilo que va del cacicazgo autoritario al absolutismo monárquico.

Cuando reapareció en Ometepec el año pasado para avisar su regreso a la política guerrerense, reunió a un grupo de 14 colaboradores y les dictó órdenes precisas del papel que interpretaría cada uno de ellos en las semanas siguientes. Sin ninguna consulta, consenso o análisis.

En el fondo, los perredistas no pueden postergar la evaluación sobre la ruta que lleva su partido y deben decidir si aceptan como líder a un ex gobernador que carga con la responsabilidad moral de los estudiantes muertos, amplias sospechas sobre presuntos casos de corrupción y acusaciones sobre complicidad con el narco, o prefieren la reconstrucción de su instituto que aún mantiene la confianza de ciudadanos que le apuestan a los a los postulados que le dieron vida.

Enviado desde mi Huawei de Telcel.